Mostrando entradas con la etiqueta Sexy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sexy. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de junio de 2009

TUPPER SEX

La idea de Tupper Sex surge para acercar a las mujeres un producto inicialmente vinculado al mundo de los varones, o lo que es peor, a sórdidos locales, semiocultos en el fondo de un callejón, con escaparates opacos y un sospechoso y parpadeante neón rojo como reclamo.
Tomando prestada la idea de la reunión de amigas de las célebres reuniones Tupperware, tan extendidas desde los años 50 entre respetables amas de casa burguesas, Tupper Sex es la prueba fehaciente de que los tiempos avanzan que es una barbaridad.
Podéis imaginar que ante una proposición de este tipo, es difícil negarse y más tratándose de un alma curiosa y aventurera como la mía.
Mi experiencia con los artilugios sexuales es nula, a excepción de una vez que entré en una Sexshop de New York, de la que salí escopetada al comprobar la orientación claramente sadomaso del local.
La reunión Tupper Sex transcurrió de forma distendida y cordial, con una profesionalidad impecable por parte de nuestra vendedora (saludos Rebeca) que fue explicando las distintas utilidades, materiales y precios de los productos con una naturalidad pasmosa.
Así pudimos ver, tocar, palpar, sopesar, reír y bromear sin ningún tipo de complejo o cortapisa. 
¿Los productos estrella? Aparte del amplio catálogo de vibradores (desde los más veraces hasta los más cibernéticos) me hicieron gracia unos que tenían un mando a distancia para compartir el jueguecito con la pareja.

También me parecieron muy simpáticos unos moldes de silicona en forma de conejitos  para utilizar en solitario o como funda tuneadora del miembro viril.
Pero lo más de lo más, sin duda, fue el delfín con arnés (al que bautizamos como Flipper), un auténtico prodigio de la imaginación y del diseño contemporáneo.

En fin, que de allí salieron muchos y variados pedidos, que me abstengo de enumerar. Y ahora, siguiendo mi trabajo de campo en materia erótica (os recuerdo que en la encuesta sobre preferencias del vello púbico, ganó el modelo "taxi driver") ahí va la pregunta :

¿Qué opináis sobre uso de estos simpáticos amiguitos?


lunes, 25 de mayo de 2009

EN PIE DE GUERRA


No sabría precisar el momento exacto en que sintió un primer roce, delicado, casi tierno, sobre sus pies. Nadie más que él pareció apreciarlo, así que siguió observando el local con interesada curiosidad.
Era un recién llegado a la empresa y no deseaba convertirse en un elemento singular, señalable o murmurable por razones tan estúpidas como la convivencia, el compañerismo y otras patrañas de ese estilo que tanto le aburrían. Así que aceptó de buen talante asistir a la cena de sección, pagó su cuota e incluso opinó discretamente sobre el menú.

El segundo roce fue un poco más persistente y astuto; se entretuvo jugando con los bajos del pantalón, enganchó con ligereza el calcetín y se deslizó como un gusanito travieso por la pierna hasta tocar la piel. Era un tacto resbaladizo, algo frío, suave y reconfortante.
Miró a la compañera de mesa que tenía enfrente, una joven tímida y no exenta de atractivo, pero ésta seguía con atención el discurso de una amiga que, dos puestos más allá, comentaba las experiencias de su último parto a la vez que engullía el cochinillo. Un desconocido que se inclinaba con ostentación hacia el lado contrario le flanqueó la derecha y de paso su tranquilidad. La izquierda fue compartida por un hombrecillo locuaz y algo sudoroso que parecía sentirse como pez en el agua.

El tercer contacto trepó ágil hasta la rodilla; lo pilló desprevenido, un escalofrío le recorrió la columna vertebral y su tenedor cayó estrepitosamente al plato. En la rodilla, aquel pie perverso -porque estaba claro que era un pie- pareció sonreirle con movimientos circulares y lentos, pero su efecto comenzaba a ser todo el contrario.
Apenas llegado el postre, con el primer bocado de tarta al güisqui atascado en la boca, el emisario silencioso avanzó con sigilo por el muslo. Avanzó miles de metros, como si no tuviese final, avanzó por arriba, se dejó caer remolón hacia el interior y suspiró una y otra vez entre sus piernas hasta llegar hasta su, por aquel entonces, poderosa e indiscreta anatomía masculina.


No se atrevió a levantar la vista del helado medio derretido, convencido como estaba de que su compañera de mesa charlaba ahora tranquilamente con el hombrecillo sudoroso y locuaz.  Su voz sonaba sosegada, con un timbre suave, coloreado por algunas breves risas.
Le pareció que sería bueno ayudarle, y, en el momento de colocar la servilleta sobre su regazo, liberó de un golpe certero la botonadura opresora de su pantalón. El piececillo pareció revolotear y estremecerse de júbilo, apartó ciudadosamente la tela y siguió avanzando como un ejército invencible y valeroso.
 Llegar a la abertura de su calzoncillo estampado fue un trabajo fácil y encontrarse a la bestia despierta, el anhelado fruto de un trabajo certero. Apretó las piernas conteniendo la respiración mientras sonreía a la camarera que le servía el café. Intentó revolver el azucarillo con indiferencia, pero todo aquella noche parecía desbordarse. Cuando consiguió esparcir el café por el platillo y parte del mantel, hizo un nuevo esfuerzo y destensó sus muslos doloridos, se echó hacia atrás en la silla, inhaló un falso aire reponedor y dejó que su encantador visitante revolotease de nuevo con excitante torpeza.

Evitó cerrar los ojos, fijando su mirada orgásmica en la esmerada decoración del local. De pronto, una ola eléctrica recorrió su cuerpo rendido, abatido, sumiso y entregado a su diminuto dueño. Pensó que debía, en este último instante, ofrendarse a su dulce tirana y bajó la vista autoinmolándose en una débil sonrisa. Allí estaba ella, retorciendo un pitillo en el cenicero; sonrió también, tímida y desconcertada. Su amiga post-parto se acercó ajustándose la falda y, tras susurrarse algo ininteligible, se levantaron y se alejaron camino del lavabo.
Como un náufrago al borde de la cascada, las siguió con la mirada acuosa hasta que doblaron la esquina del salón. No era humillación, sino desvalimiento y abandono lo que creyó sentir. Apenas un parpadeo y de nuevo sintió escarbar al inquieto animalillo en el instante preciso. Se crispó en el asiento, su frágil balsa se quebró, hundiéndose sin remedio en un líquido tibio e inquietante.

Cerró los ojos conteniendo a ráfagas la respiración, sintió un estremecimiento por la espalda y un ligero temblor en las rodillas. El hombrecillo locuaz le sonreía con sus diminutos dientes: la calva brillante, el bigote sudoroso, la mirada febril, descompuesta y maléfica del pecado. 


lunes, 4 de mayo de 2009

PUBIS (casi) ANGELICAL


Hay una chica nueva en la peluquería a la que suelo ir habitualmente, es una brasileña impresionante que cumple con creces todas las expectativas del mito. Pero además, es simpática y parlanchina, con lo que el suplicio de la depilación se está convirtiendo en algo entretenido y no exento de interés.
La última conversación giró en torno a las preferencias de hombres y mujeres sobre el modelo de pubis femenino. Después de ilustrarme largo y tendido sobre su trabajo y descubrir cosas tan chuscas como que algunas señoras le piden la depilación del pubis con el logo de la empresa de su marido (!), no me quedó claro si los gustos masculinos y femeninos coinciden en dicho aspecto.
Así que abro el debate para ver si veo un poco de luz entre tanta pilosidad: ¿Cuál es vuestro modelo ideal?

1. Modelo MOJINO: asilvestrado y montaraz.


2. Modelo JACKSON: para nostálgicas de la era hippie, pero sin descuidar la estética.
 


3. Modelo BRAD: natural pero arreglao!.



4. Modelo TAXI DRIVER: con las ingles apuraditas.



5. Modelo TO BE OR NOT TO BE: más que nada, testimonial.



6. Modelo YUL BRINER: peladito, peladito.



Tenéis la palabra.