domingo 4 de marzo de 2012

ARRABALES



La Banlieue de Paris (1954)
Fotografías de Robert Doisneau. Texto: Blaise Cendrars.










lunes 27 de febrero de 2012

GRANDE

Creo que fue Dickens el que dijo que la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.

viernes 17 de febrero de 2012

LAS MUJERES QUE LEEN SON PELIGROSAS


Buscan la soledad y el recogimiento

Empiezan a pensar si la vida no serán también esos momentos insignificantes

Desatienden las tareas domésticas

Se anclan en el presente concentradas en sus propios descubrimientos

Disfrutan de una intimidad silenciosa y personal

Se abandonan a la lujuria de placeres desconocidos

Se dejan seducir sin disimulo por el poder de la palabra escrita

Llegan a comprender que hay otros mundos posibles dentro del mundo

Son capaces de mirar de frente a la vida, asaltadas de las mismas incertidumbres que los hombres.

Las mujeres que leen son peligrosas. Stefan Bollman

viernes 3 de febrero de 2012

WILL

A. dice palabras como "piélago" "infortunio" "ultrajes" y no estoy muy seguro de que las comprenda, pero pone énfasis, gesticula, arruga su joven ceño, se muerde el labio, se mesa los cabellos y mide las pausas como ha visto hacer a los grandes actores de cine.
J. quiere ser Julieta. No encuentra un Romeo que dé la talla a su envergadura corpulenta, pero eso no parece detenerla. Ha convencido a su mejor amiga, le ha recogido el pelo y le ha pintado una barba. Poco importa la réplica: ella quiere ser Julieta.
B. lleva el pelo rapado por los lados y un pendiente. Llegó hace dos años de Suiza y se arma un lío tremendo con las palabras. Recita envarado, titubeando, pero subido a la tarima parece que todo se le perdonara.
R. dice 'Chespir' y los demás sonríen con la benevolencia de los iniciados. Es mexicano y de piel muy oscura. El verso en sus labios fluye suavecito y extraño, ligero, con una seriedad legendaria. Alguien habla de Otelo y todos lo señalan sin discusión.
Empezó como un juego y ahora me suplican que sigamos, con ese entusiasmo chispeante y efímero que los caracteriza. No tienen una dialéctica muy esmerada y tal vez no aciertan a encontrar el porqué de todo esto, pero lo cierto es que para ellos "Will es el puto amo" y el teatro "mola".

Suena el timbre del final de la clase y salen en tromba con sus mochilas, empujándose y pensando ya en el fin de semana. Lejos, muy lejos suenan tambores apocalípticos, reformas educativas que no cambiarán nada para ellos. Nuevas palabras maquillarán los viejos problemas, pero aquí en el aula, ahora, reina el silencio. Mejor aún, queda flotando el eco de sus voces adolescentes preguntándose por los eternos enigmas de la vida. Qué importa que no tengan muchas palabras para expresarlo, Will se las presta. Ojalá no lleguen nunca las reformas a mi pequeña aula.

Un abrazo, querida Lula, de tu viejo profesor
Lucas Tanner

domingo 29 de enero de 2012

AHORA Y SIEMPRE

Pienso en ayer, cuando a las nueve de la noche caminaba descalza por Central Park contemplando luciérnagas, mientras Duke y Dexter se deslizaban por el tobogán de acero riendo. ¿Será el único año que Dexter se permita jugar como una chiquilla? Pienso en Duke vestido de punta en blanco, viendo desde un palco cómo Billy Elliot bailaba claqué en un escenario de Broadway. Me entran ganas de volver a vivir en Nueva York. Pienso en el día que hice cola con Dex en el Abercrombie de la Quinta Avenida, mientras ella soñaba con chicos, bronceados, amor y besos. Pienso en la mañana que cruzamos en bicicleta el puente de Brooklyn, uno de los mayores hitos de la ingeniería del país en la ciudad más grandiosa de todas. Pienso en el puente de la calle Cincuenta y nueve de Manhattan y en la manzana de edificios de piedra rojiza de las calles Setenta y tantos Este, ante las que pasábamos Woody y yo en Annie Hall. No quiero marcharme de esta ciudad. Quiero quedarme. Quiero retroceder a otro día, no muy diferente de hoy, en el que también me levanté a las tres y media de la madrugada, pero esta vez para esperar a que me llevaran a mi primer día de rodaje del proyecto sin título de Woddy Allen en la primavera de 1976.
Ahora y siempre. Diane Keaton

miércoles 18 de enero de 2012

BLAISE


En 1913 el poeta Blaise Cendrars publica su Prosa del Transiberiano con ilustraciones de Sonia Delaunay. En su momento fue una publicación novedosa: rompía las fronteras entre la pintura y la escritura y su verticalidad -homenaje a la Torre Eiffel- intentaba provocar nuevas emociones artísticas en el espectador-lector. Era el fruto de una época en la que todo parecía poder romperse, en la que todo debía romperse para resurgir de nuevo. Una época en la que todavía quedaban emociones por estrenar.

Cendrars debía de ser un tipo curioso. Un especimen extinto de hombre lanzado a la vorágine de la vida. ¿Qué se podría contar de alguien que a los dieciséis años se fuga de casa con un traficante, llega a Rusia en plena revolución y se monta en el transiberiano para comerciar en Asia? Un hombre que se vio obligado a cambiar su vocación musical por la literaria cuando un obús le reventó el brazo derecho. La Gran Guerra la llamaron, tiernos ignorantes del futuro:

Mil millones de individuos me dedicaron toda su actividad de un día, su fuerza, su talento, su ciencia, su inteligencia, sus costumbres, sus sentimientos, su corazón. Y he aquí que hoy, tengo el cuchillo en la mano. Palpo una fría verdad que se suma a una hoja cortante. Tengo razón. Mi joven pasado deportivo tiene que bastar. Aquí estoy con los nervios tensos, los músculos estirados, dispuesto a saltar en la realidad. He desafiado al torpedo, al cañón, a las minas, al fuego, al gas, a las ametralladores, a toda la maquinaria anónima, demoníaca, sistemática, ciega. Voy a desafiar al hombre, mi semejante. Un mono. Ojo por ojo, diente por diente. Ahora será entre nosotros dos. A puñetazos, a cuchilladas. Sin piedad, salto encima de mi antagonista. Le doy un golpe terrible. La cabeza está casi separada. He sido más listo y más rápido que él. Más directo. He dado primero. Tengo sentido de la realidad, yo, poeta. He actuado. He matado. Como el que desea vivir.


Hombre intelectualmente inquieto, escribió poesía, novelas, fue corresponsal de guerra, experimentó con collages, se interesó por el cine, colaboró con algunos directores, llegó él mismo a dirigir e incluso actuar de figurante. Se interesó por la literatura africana, viajó a Brasil, Estados Unidos... En 1949, después de casarse con Raymone, el amor de toda su vida, escribe:

Deseaba decir a los jóvenes de hoy que les engañan, que la vida no es un dilema y que entre las dos ideologías opuestas entre las que se les fuerza a optar, está la vida, la vida, con sus turbadoras y milagrosas contradicciones, la vida y sus ilimitadas posibilidades, sus absurdos mucho más capaces de alegrarnos que las idioteces y simplezas de la "política", y que por lo que tienen que optar es por la vida, a pesar de la atracción del suicidio, individual o colectivo, y de su fulminante lógica científica. No hay más posible elección. ¡ Vivir !

Miro su fotografía, su cara de rudo campesino, sus manos grandes, su mirada desafiante, la sencilla indumentaria del que nunca lleva demasiado equipaje y por un instante quiero creer sus palabras. Quiero creer que la vida no es un dilema sino algo sencillo, algo así como un viaje lleno de posibilidades. Quiero creer que Incluso a través de la solitaria estepa siberiana pueden aparecer amaneceres de insospechada y turbadora belleza.

lunes 16 de enero de 2012

MUJERES

...Es preciso además considerar serenamente la cuestión de la maternidad. La maternidad es cuestión temporal: no puede someterse a ella entera la vida. La protección a que tiene derecho el niño no ha de prolongarse más allá de la niñez. Además de temporal, la función es adventicia: todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos. El ser humano no es un árbol frutal que sólo se cultive por la cosecha.
Emilia Pardo Bazán

lunes 9 de enero de 2012

YA ESTÁ AQUÍ

El número 3 de la Caja de Pandora

domingo 8 de enero de 2012

MURLO

Non esiste posto più bello nel mio cuore...

viernes 6 de enero de 2012

LO INCONTROLABLE

La vida no se puede controlar, no se puede forzar para que tenga un desenlace

feliz. Sólo se puede controlar el arte. El arte y la masturbación, dos campos en los

cuales soy un autentico experto.

Sandy (Woody Allen)

Stardust Memories, 1980


BUEN FIN DE SEMANA

jueves 29 de diciembre de 2011

2012

Según Proust, "los paraísos mejores son los paraísos perdidos". Es una frase justamente famosa. Yo me permito añadir que tal vez existen paraísos todavía más atrayentes que los paraísos perdidos: los que nunca hemos vivido, los lugares y las aventuras que intuimos allá lejos - no a nuestras espaldas, como los paraísos perdidos que nos llenan de nostalgia, sino delante de nosotros, en un futuro que quizás un día, como sueños que se cumplen, conseguiremos alcanzar, tocar.
Quién sabe, tal vez la fascinación de viajar se encuentra en este encanto, en esta paradójica nostalgia del futuro. Es la fuerza que nos hace imaginar -o nos ilusiona- con hacer un viaje y encontrar, en una estación desconocida, algo que podría cambiar nuestra vida.
Tal vez uno deja verdaderamente de ser joven cuando sólo consigue echar de menos y amar nada más que los paraísos perdidos.
Mi ricordo, sì, io mi ricordo. Marcello Mastroiani
(Traducción: Lula Fortune)

FELIZ 2012 A TODOS

domingo 11 de diciembre de 2011

BUSCANDO A CHENCHO DESESPERADAMENTE


No me gusta la Navidad. No soy religiosa, ni le tengo excesivo apego a las tradiciones. Nunca me ha tocado el gordo, ni me pirro por los dulces y digamos que soy más bien espartana en mis apetencias gastronómicas. Las explosiones multitudinarias de obligada alegría me retraen más que me contagian y confieso que le tengo alergia a los centros comerciales y a los villancicos.
No negaré en todo esto mi pequeña dosis de rebeldía personal y puede que hasta de soberbia.
Pero ni siquiera si retrocedo hasta la más diminuta infancia, hasta las fotos más desvaídas de mi recuerdo, puedo encontrar algún momento verdaderamente dichoso. Recuerdo las cartas minuciosas que escribía a los Reyes Magos: la cuidada caligrafía, el angustioso balance de mi comportamiento, la mesura en las peticiones. Recuerdo el terror que debía vencer para dejar mi carta en manos de aquel ser enorme, con joyas de hojalata y barba de algodón. Recuerdo que siempre pensaba para qué demonios tenía que escribir una carta si nunca me traían lo que pedía. Y recuerdo cómo año tras año, dejaba atrás las pequeñas desilusiones para internarme, voluntariosa, en la euforia colectiva.
Recuerdo el comedor familiar, silencioso, vacío. Recuerdo el eco bullicioso de primos, abuelos, cuñados, sobrinos, nietos, que me llegaba desde los anuncios de turrón el Almendro. Gente elegante y sonriente que volvía siempre a casa por Navidad. Recuerdo los espumillones escuálidos, enroscados como serpientes tristes en algunos muebles...
Sé que había también algunas cosas chuscas y hasta entrañables. El cartero venía siempre con postales piadosas llenas de purpurina, donde algún lejano pariente escribía las dos líneas de navideño rigor. El portero te felicitaba las fiestas con una poesía escrita en una tarjeta y recuerdo la isleta donde se colocaba el guardia urbano, llena de botellas, turrones y paquetes que los automovilistas agradecidos le dejaban al pasar.
También recuerdo la mano de mi padre que me apretaba firme en medio de la muchedumbre de la plaza de la catedral. Allí, en los puestos de belenes, buscábamos figuritas de pastores, el castillo de Herodes, algo de musgo y tal vez mi sonrisa al comprar un caganet.
Y las luces, claro. Las luces que ocultaban con su brillo de cuento toda la mugre y la miseria de la ciudad.

Salgo a la calle y me paro debajo de una enorme tela de araña de bombillas blancas. Algunas luces suben y bajan simulando gotas de lluvia, tal vez lágrimas, y recuerdo ahora otras ciudades capaces de iluminar nuestros sueños navideños por un instante. Aquella Lisboa lejana, cargada de planetas y meteoros en la subida al Chiado, no muy lejos del café donde se sentaba Pessoa o la Plaza Mayor de Madrid, cubierta de ojos multicolores donde seguiremos buscando a Chencho un año más.

Tuve que matar muchas cosas a lo largo de mi vida para sobrevivir, la Navidad ha sido la más insignificante después de todo.

martes 6 de diciembre de 2011

WYOMING

- No me gusta cuando el cielo se pone oscuro tan temprano.
- Es lo que pasa en invierno, Roy. Los días son mucho más cortos y fríos porque la zona del planeta donde estamos queda más lejos del sol.
- Los árboles son bonitos sin hojas, ¿verdad, mamá?
- Me gusta cuando hace sol y frío. Mi piel lo agradece. Pararemos pronto. Estoy cansada.
- Yo creo que sueño mejor en invierno.
- Será porque duermes más.
- Mamá ¿tú qué piensas de los sueños? ¿son algo real?
- Claro que sí. A veces, cosas que no puedes descubrir de otro modo las descubres en los sueños.
- ¿Cómo qué?
- Hay quien opina que los sueños son deseos. Uno sueña lo que realmente desea que ocurra.

- ¿Hay algún lugar que sea perfecto, un lugar adonde irías si tuvieras que pasar allí el resto de tu vida?
- ¿Qué te parece Wyoming?
- ¿Wyoming? ¿Algún día podremos ir?
- Claro, Roy, iremos.
- Y no se lo diremos a nadie, ¿eh, mamá?
- De acuerdo, hijo, nadie sabré dónde estamos.
- Y tendremos un perro.
- Claro, por qué no.
- A partir de ahora, cuando pase algo malo, pensaré que estoy en Wyoming y que salgo a correr con mi perro.
- Me parece bien, hijo. Todo el mundo debería tener un Wyoming.Añadir imagen
BARRY GIFFORD