lunes, 14 de noviembre de 2011

EL HOMBRE IMPACIENTE


Gracias, Ana Bande

Soy una recién llegada a Stefan Zweig. Curioseo en el vestíbulo de su obra con la emoción de saberme en un lugar prolífico, prometedor. Me reconforta comprobar que la casa es grande, diáfana, llena de habitaciones que todavía puedo descubrir. No hay demasiados lujos ni ostentaciones superfluas, en el aire flota un encantador aroma de cocina burguesa donde se amasa el pan con manos pulcras. Suena una suite de Bach que se queda prendida en viejas fotografías de fin de siglo: París, Viena, Berlín. Fotografías de trenes y viajeros que sonríen a la cámara con entusiamo juvenil.

Asomo mi curiosidad al silencio de su biblioteca donde tantos nombres desconocidos para mí intentan explicar, una y otra vez, el misterio absurdo de la existencia.
Él está allí al fondo, en el jardín, ensimismado en los arces otoñales y no me atrevo a molestarlo. Voy acumulando preguntas sin respuesta y desaprendiendo lo poco que creía saber sobre el ser humano. Observo atentamente su mirada inquieta y salvajemente viva, su tierna sonrisa de hombre bueno, por si alguna vez, dentro de mucho tiempo, acaso pueda convencerme de que no hay nada que entender.
Observo los pequeños detalles de la vida, que al final, son lo único que nos pertenece: una modesta mesilla, un vaso de agua, una pañuelo arrugado, una caja de fósforos, unas monedas, unas serenas palabras de adiós...


Antes de dejar la vida por propia voluntad, con la mente lúcida, me impongo la última obligación: dar un cariñoso agradecimiento a este maravilloso país, Brasil, que propició, para mí y para mi obra, tan gentil y hospitalaria guarida. Cada día aprendí a amar este país, más y más. En ningún lugar podría reconstuir mi vida ahora que el mundo de mi lengua está perdido y mi hogar espiritual, Europa, autodestruído. Después de 60 años se necesitan fuerzas descomunales para empezar todo de nuevo. Las que poseía fueron extirpadas en estos largos años de desamparadas peregrinaciones. Así, en el momento adecuado y obrando con rectitud, encontré mejor concluir mi vida, en la cual, la labor intelectual fue la más pura alegría y la libertad personal el más preciado don sobre la tierra.
Saludo a todos mis amigos. Ojalá les sea dado ver la aurora de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy antes. Stefen Zweig.

8 comentarios:

David dijo...

Jo! Qué entrada más bonita. Y luego la carta (que ya la había leído). A mí, no sé si esto te lo había comentado alguna vez, estas cartas me dejan un poco descolocado.
Hay una de la primera mujer del Dr.Seuss que es..vamos.
Y de Zweig no he leído nada todavía (varios amigos me lo han recomendado; y la película de Carta de una desconocida de Ophuls me parece maravillosa).
Un abrazo.

David dijo...

No se te ocurra leer ciertas cosas después de terminar con Zweig (las comparaciones son odiosas)... Hazlo después de ver varios programas de televisión, leer revistas del corazón, suplementos dominicales y esas cosas (ja,ja).

Licantropunk dijo...

Pues si tú eres una recién llegada, yo tengo un libro suyo esperándome desde hace años, "Una partida de ajedrez/Una carta". Así que a ver si llego yo también.
Saludos.

ana dijo...

un pracer!

Francisco Machuca dijo...

Es un libro importante a la hora de adentrarnos en el nuevo curso o rumbo que adquirió el siglo XX.Escrito con elegancia e inteligencia.Es ameno e invita a leerlo con un cuaderno de notas y un boli para ir anotando estupendos pensamientos de este escritor que para mí es uno de los más importantes del siglo pasado.

Besos,Lula.

Lula Fortune dijo...

DAVID: Sí, es verdad, a mí también me ocurre. Lees esas notas de despedida, con esa serenidad que da escalofríos y te quedas sin saber cómo procesarlo... no sé. El caso de Zewig es terrible, un hombre tan vital, tan amante del arte, de la vida...
Yo no he leído nada de ficción, empecé por las memorias, que te recomiendo, y estoy encantada de haber descubierto este mundo, este universo Zweig.
Je, je... no te preocupes con mis lecturas, estoy segura de que nada de lo que tengo en mi estantería de enchufados podrá decepcionarme. Algún día voy a proponer un meme para ver esas mesillas, esas estanterías de nuestros libros pendientes. La sala de espera ;)
Un abrazo.

LICANTRO: pues, lo dicho, tengo que hacer esa propuesta sin dilación: ¿qué tiene un bloguer en la sala de espera de sus lecturas?
Un beso.

ANA: ;)))))

FRANCISCO: qué bueno verte por aquí. Pues sí, tienes razón, he subrayado un montón de reflexiones y además lo leo con la wikipedia abierta porque hay cantidad de nombres que desconozco, artistas que se perdieron en la bruma del tiempo.
Todavía no he leído nada de ficción, como dije antes, pero sólo por sus memorias debería estar entre los grandes, desde luego.
Un abrazo.

MK dijo...

Con Zweig me pasa lo mismo que con SAndor Marai y Irene Nemirovsky . Es la misma sensación que describe David más arriba. Son un mundo aparte , una intensidad y una manera de hacer literatura que hay que saborear como algo muy especial.Y que hay que tener cuidado cuando te apeas en la realidad después de haberte sumergido en su lectura.
Por favor , lee ya "Carta de una desconocida" .Recuerdo que cuando lo leí por primera vez , me equivoqué de transbordo en la estación de trenes y me fuí hacia otra dirección.
Me dí cuenta media hora más tarde.
Bueno...era muy jovencita , entonces .
Yo habré perdido intensidad.
El libro no.

Lula Fortune dijo...

MK: Creo que esa "Carata a una desconocida" será lo siguiente que lea. Voy a quedarme para siempre en este universo Zweig. Besos.