lunes, 8 de septiembre de 2008

VIETATO L'ORMEGGIO


Palazzo Ducale




Venecia no existe.

Cuando el último japonés pone su pie en el vaporetto rumbo a su confortable hotel de Mestre, el Gran Decorado se apaga. Los carritos de souvenirs se cierran sobre sí mismos y los paquistaníes que los custodian empujan la pesada mercancía por callejas en penumbra hasta desaparecer en un escondido almacén.
Los gondoliere dejan sus camisetas de rayas y sus sombreros de paja en el camerino y se dirigen, con paso cansino, hasta la primera taberna que encuentran abierta.
Los focos de la Piazza de S. Marco se apagan definitivamente y los negocios cerrados que la bordean toman un aire siniestro y fantasmal.



Piazza S. Marco



El encargado del atrezzo cubre las góndolas con lonas azules y el último operario va levantando las butacas y barriendo de entre ellas programas de mano, entradas de museo, scontrinos de pizza al taglio, vasos de plástico...




Sólo los Vu'cumprà? (¿quieres comprar?) esperan entre bambalinas las migajas del pastel.
Se cierra el Gran Decorado hasta la próxima función.



Grupos de africanos con sus mercancías de bolsos falsos esperando que cierren los comercios
para ofrecer su producto a buen precio.



Es entonces cuando se pueden atravesar puertas que no llevan a ninguna parte, perseguir fantasmas de seres imaginarios, fabricando enfermizamente una ciudad que no existe.










Es entonces cuando rondo el palazzo Barbaro, donde Henry James -invitado por los Curtis- escribió, en un delicado escritorio de cerezo, Los papeles de Aspern; donde ambientó Las alas de la paloma... y observo sus ventanas abiertas sin saber muy bien qué hacer.











Busco lugares donde no estuvo nadie sin hallar conforto, ni sosiego.





Comisaría de Guido Brunetti, personaje de las novelas de Donna Leon




Algunas veces, en esa hora indecisa de la tarde que se resiste a precipitarse en noche, en una esquina poco transitada, puedes encontrar un espíritu sigiloso de mirada perdida en el horizonte de otros mares.





Un espíritu que te susurre con dulce acento la calleja oscura por la que aparecer en un campo desierto y descubrir patere con misteriosos leones alados.






Baldaquinos desaparecidos en enormes iglesias, cerradas como tumbas, al borde del mar.





Pozos clausurados desde los terribles años de la peste.





Templos sumergidos, templos armenios invisibles al ojo humano



Chiesa di S. Barnaba







Chiesa degli Armeni




Seres petrificados víctimas de insondables maleficios.





Fachada de la casa en la que nació Tintoretto




Claustros abandonados, animales perdidos en solemnes arquitecturas o simplemente canales umbríos donde sentarse con los pies colgando a oír el ruido del agua chapotear con parsimonia contra las paredes mohosas.



Claustro della Chiesa di S. Pietro




Entrada a la Scuola di S. Rocco







Un espíritu que te hace ver pequeñas y humildes osterie donde venecianos de oscura fonética alivian el calor con un ombra o un prosecco. Tabernas de carteles despintados que ofrecen sardine en saor o baccalà mantecado en mesas diminutas, que encienden una luz en medio de la tormenta para que llegues a ellas.



Una de esas osterías recogió mis pasos cansados en una noche de tormenta. La escuálida luz de la puerta apenas tenía que ver con el ambiente eufórico y parlanchín que se respiraba dentro. Pasaban platos de spaguetti nero di seppia, cozze y pescados brillantes. Allí vi por primera vez a madame Ormesini con su copa de vino y allí me senté, por fin, en una mesa al fondo del comedor.
Justo encima había un viejo cartel arrancado del canal que decía : Vietato l'ormeggio (prohibido atracar). Comprendí el sentido de humor del dueño y lo que ese cartel sugería. Es decir : "No apalancarse en este comedor"

Una silueta oscura, acodada en la barra, me devolvió la sonrisa y entonces comprendí su verdadero significado.






Quedarse mucho tiempo en Venecia puede resultar peligroso.



10 comentarios:

carrascus dijo...

Hostia, que chulo !!! ¿existe de verdad la comisaría del comisario Brunetti?

sailor dijo...

Lula, un bico longo longo. Ben o mereces por este post inesquecible.

Lula Fortune dijo...

CARRASCUS: sí que existe y el edificio donde vive y el bar donde toma su vinito antes de ir a casa... ¿a qué no adivinas quién estuvo releyendo las novelas para buscarlo? ¿Y quién se hizo fotos en todos esos sitios?

Il Cavaliere dijo...

Que cosa tan maravillosa. Enhorabuena por tu viaje. Espero poder hacerlo pronto. ¿ Que téndrá la vieja Italia que nos tiene hechizados?.
Un Besazo, Ragazza.

carrascus dijo...

Pues no... no puedo adivinarlo... dame alguna pista más...

Ana Bande dijo...

Buf nena! ¡esto es mucho para mi! ¡para, para, dame tregua, no puedo respirar! mete un post sobre los fontaneros para bajarme la libido veneciana porque con estos rincones y estos susurros que has metío aquí ya no puedo. ¡¡¡¡¡mmmmmmmmmmuá!!!!!!!

Francisco Machuca dijo...

Un agradable paseo pero no exento de cierta decadencia.Me estás ilustrando Venecia como nadie Lula.

Besos desde El Museo del Vino (guiño).

K dijo...

Es maravilloso cómo lo estás contando, Lula. Me matas de envidia. Pero no por el viaje, que ese puedo hacerlo (más o menos) cuando quiera, sino por cómo lo cuentas. La hostia, de verdad.

Il Cavaliere dijo...

Cari Lula:
Grazie per il vostro dono. Ero molto eccitato. Sei una persona incredibile. Le sue parole sono venuto molto dentro.
Il Bar Peggy Sue si fiorire di nuovo, certo.
Non so se sono tornato, a mio ultimo ingresso dico che sto bene, ma la verità è che sono bloccato in un vicolo cieco.
Nel frattempo sarò felice perché so che ci sono persone come voi che danno sempre e mai chiedere nulla in cambio.
Perdonare il mio italiano.
Adios Lulita, mi auguro che sia fino al più presto.
Voglio anche fare un dono.
En los sueños se cumplen todos tus deseos.
http://es.youtube.com/watch?v=jhmfwj928BE

Capri c'est fini dijo...

Otro de mis pensamientos sobre Venecia en tu boca... Venecia no existe... es un espejismo para los turistas que cuando se van se desvanece como en un oasis. No puede existir, es imposible.