martes, 13 de julio de 2010

EDNA

My candle burns at both ends

It will not last the night;

But ah, my foes, and oh, my friends -

It gives a lovely light.


Edna Saint Vicent Millay nació en Rockland (Maine) en 1892.
Sus padres se separaron cuando ella apenas tenía siete años. La desmedida afición de su padre por el juego obligó su madre, enfermera de profesión, a pedirle que abandonara el hogar familiar. Según su biógrafa, Joan Dash, la madre de Edna la educó para ser fuerte y ambiciosa, cualidades éstas, consideradas más propias de los varones que de las féminas. No sé si esa forma de pensar deberíamos suscribirla a aquella época o la fortaleza y la ambición siguen considerándose hoy en día, cualidades masculinas. Ese sería el tema de un interesante post, desde luego.
Sea como fuere, el caso es que Edna aprendió a ser autosuficiente e independiente desde bien pequeña. Cualidades que le valieron el apodo de "Vincent" dentro de su círculo familiar. A pesar de trabajar también fuera de casa, la madre de Edna, Cora, se dedicó por entero a sus hijas y promovió en todas ellas, además de su independencia personal, el desarrollo intelectual y artístico.
Animó a Edna a participar en un concurso poético y aunque no lo ganó, su poesía comenzó a ser conocida y ella aceptada en los círculos literarios newyorquinos. En 1922 fue la primera mujer en ganar el premio Pulitzer de Poesía.
Se dedicó al teatro experimental y escribió y dirigió piezas en el Grenwich Village, donde conoció a uno de los grandes amores de su vida, la actriz británica Edith Wynne Matthison. A pesar de eso, Edna nunca se decantó únicamente por la homosexualidad y en 1923 se casó con Eugen Boissevain, con el que mantuvo una relación abierta que escandalizó a la bienpensante sociedad de la época.
En su libro Unas cuantas cosas sobre los cardos (1920) Edna describió con libertad su bisexualidad femenina, algo que mantuvo su "mala fama" en una justa medida e influyó, sin duda, en los jóvenes de su generación.
Los pensamientos que aparecen en su poesía no son especialmente complejos, quizás por eso, por su expresión sencilla, directa, por la tenue melancolía con que tiñe su vitalidad, Edna se acerque a una forma de expresión poética capaz de sobrevivir a cualquier época.

He olvidado qué labios me han besado,
dónde y por qué, en qué brazos he dormido
hasta el amanecer; pero en el ruido
de la lluvia esta noche han llamado,
mi corazón dulcemente ha sufrido
por los tiernos muchachos que yo olvido
y que ya no despiertan a mi lado.


5 comentarios:

Sir John More dijo...

Ese jodido artículo tan difícil de encontrar: la libertad. Mueve uno una pestaña y se complica la existencia... Muy hermoso el poema, sí señora.

atikus dijo...

Pues no creas que yo olvido vuestros blogs...aunque eso si no estoy tan enganchado ciertamente...

interesante escritora, no la conocía, si es que soy muy burro!!


besitos desde el desierto del Gobi...bueno casi...desde los madriles ;)

David dijo...

Yo soy más burro que Atikus. Tampoco la conocía y el poema me ha gustado.
Un saludo.

Il Cavaliere dijo...

Bueno, aquí otro burro...jajajaja

Pero que muy interesante Lulita, cuanto hygnorancia suelta! jajaja

Un besito

Luliña dijo...

Queridos burritos, ATIKUS, DAVID Y CAVALIERE, es un placer sacaros de la ignorancia. Besitos en vuestros lomitos peluditos.

SIR: ¡ay! los aleteos de las pestañas...un dolce bacio.