lunes, 15 de marzo de 2010

DELIBES

Mi primer acercamiento a Delibes fue un auténtico desastre. Tenía unos doce años y en el colegio nos obligaron a leer El Camino (todo el mundo debería saber que el verbo "leer" no se conjuga en imperativo). Me costó un mundo soportar a Roque el Boñiga y a Daniel El Mochuelo, seguirlos por los secarrales detrás de lagartijas. Nada de lo que hacían aquellos dos me interesaba un pimiento y encima las descripciones rezumaban polvo y aridez ¿a quién le podía apetecer corretear entre terrones rojizos, cuando mis ojos se perdían entre arenas y oleajes mediterráneos?


Mi idolatrado hijo Sissi me dejó en silencio. Después de todos los prejuicios que acumulé contra Delibes durante años, de pronto, no sólo no tenía nada negativo que decir, sino que me había quedado un regustillo placentero al que miré de reojo y con desconfianza, pero en prudente silencio.


Cinco horas con Mario fue mi rendición. ¿Cómo se podía hacer crecer a un personaje que aparece muerto en la primera página? ¿Cómo es posible que odiemos tanto a Carmen, la voz redicha, mediocre y conservadora que se dirige a nosotros? ¿De qué manera el pobre Mario, callado como un muerto (nunca mejor dicho), puede desencadenar  una ola de comprensión y simpatía? 

Después vinieron Los santos inocentes, Señora de rojo sobre fondo gris, la vuelta a El Camino, devorados y disfrutados con auténtico placer.
Finalmente llegó a mis manos esa fantástica novela que es El hereje, escrita con una potencia narrativa sorprendente para una hombre de su edad. Una novela vibrante, reflexiva, que entretiene, divierte y engancha sin dejar de mostrarnos una parte terrible de nuestra historia. Tal vez el testamento literario donde Delibes mostró, con humilde generosidad, toda la grandeza de su oficio.


No me siento especialmente triste por su muerte. No siento más que la necesaria solidaridad con sus seres queridos, con los que le rodearon y amaron durante estos 89 años, diez de los cuales vivió sumido en una terrible enfermedad.  Y no me siento desolada, porque de pronto, he vuelto a acariciar sus libros, a desempolvar de mi estantería la prosa rica y deliciosa que late en sus páginas, a despertar el sueño de Cipriano, de Carmen, de Zacarías y de tantos otros. He vuelto a imaginarlo junto a Ángeles, en aquella lejana primavera de los años 50, empujando un columpio.
Estoy contenta porque Delibes vivirá para siempre

8 comentarios:

Fernando dijo...

En efecto, todos nos hemos acercado a Delibes (y a otros grandes nombres) desde un punto de partida bastante duro. Pero las letras de verdad siempre ganan la partida.
Y viven para siempre.
(Te copio esa imagen. La había capturado del CVC, pero era mucho más pequeña)

carrascus dijo...

"Las ratas" fue mi inicio. Y años más tarde, como el que tenía lo presté y nunca me lo devolvieron, la sra. Carrascus me lo regaló en una nueva edición. Lo releí y aún me gustó más.

Raúl dijo...

No comprendo que significa esta frase: "potencia narrativa sorprendente para una hombre de su edad". ¿Podría explicarla?

Francisco Machuca dijo...

Veo que coincidimos hoy para homenajear a un gran escritor (de la lengua)porque fue precisamente eso.

Besos luliña.

eva al desnudo dijo...

Es impredecible ese rastro que dejan algunos escritores en nuestra memoria cuando ya no están.
Que suerte poder contarlo.

Besos Lula, Delibes contigo se me ha hecho más cercano.

Lula Fortune dijo...

FERNANDO: roba, roba lo que quieras...espero que no ande por quí la Sgae. Un beso.

CARRASCUS: yo creo que empecé con mal pie con Delibes, porque no me gustaron algunos de sus libros hasta bien adulta. Las Ratas fue otro que me obligaron a leer y tampoco me gustó. ¡Cuántos lectores frustrados creó la escuela! Besos.

RAÚl: pues sí, se la explico. Delibes escribió esa novela con una edad bien avanzada y una salud precaria. El esfuerzo de documentación histórica, el desgaste intelectual que supone levantar la envergadura de un novelón como ese, me sorprendió. Es cierto que hay muchos ejemplos de escritores fantásticos y longevos que no pierden nada de su genio, sino todo lo contrario, con el paso del tiempo. Pero también es verdad que hay muchos ejemplos de brillantes autores que entran en una decrepitud creativa muy decepcionante. Como tampoco negaré que hay jóvenes decrépitamente malos escritores.
Simplemente me sorpendió Delibes con una novela llena de vida, de fuerza, de sentido de humor
y poderosa, cuando quizás lo que me esperaba no era de tal grandeza.
No hará falta aclarar que las afirmaciones de mi blog son siempre absolutamente personales.
Un saludo.

FRENCISCO. qué bueno que viniste...¡cuánto tiempo sin aparecer por aquí!. Me alegro que coincidamos en dedicarle unas lineas a Delibes.
Un abrazo.

WODEHOUSE dijo...

Me encanta la foto, lo de potencia narrativa sorprendente...tiene su explicación en cuanto a que escribió una novela que no esperabas tan compleja. Pues yo creo que esa novela es el compendio de todo lo que ese hombre acumuló (ahora se habla de documentarse, pero la gente como él y como mi padre que EPD, llevaban la documentación en sí mismos, enciclopedias con dos patas auténticas) en la cabeza durante su vida, puesto que como afirmó iba a ser la última y ahí echó todo lo que estuvo guardando años y años para la ocasión. Un reto personal consigo mismo y una memoria portentosa y la verdad que mantenía una cabeza en plenas facultades de quinceañero. Eso es una gran baza que tuvo, la cabeza siempre bien.
Un saludo.
Me chifla el contraste de lo austero de él, en gesto pétreo, indumentaria, con el de ella , con el ELLE en mano y todo haciendo un guiño a la frivolidad y a la moda...

lu dijo...

Mira que he leído entradas sobre Delibes estos días, Lula, pero ninguna como la tuya. Me ha gustado muchísimo. Suscribo tus palabras sobre esos libros y, oye, tampoco estoy triste. Tanta pena, tanta pena. Que a la gente parece que se le ha muerto el padre o algo así.
Besos, encanto.