lunes, 5 de abril de 2010

BERLÍN, ANTES DEL ANOCHECER (1º PARTE)

¿Spicher strasse? Empiezo el día con una sonrisa.

Los expendedores de billetes no funcionan. Una quiosquera voluptuosa y mullida me vende el tiquet.

Es amable y sonríe todo el tiempo pero en el aleteo de sus manos gordezuelas puedo ver cierto indicio de mutación genética.

Trabajar bajo tierra debe de tener sus efectos secundarios.

Las ventanillas de los trenes tienen estampada la puerta de Brandemburgo. El dibujo de los asientos ha pasado a ser un icono de la ciudad visible en chapas y camisetas.

Papá Noel hojea un catálogo de todoterrenos. Está un poco harto de las manías de los renos y ya no tiene edad para los fríos aéreos.

El hombrecillo parpadeante de los semáforos, Ampelmann, intenta poner un poco de orden en el tráfico de Potsdamerplatz. También puedes llevártelo en una camiseta.

Aire frío, sol tibio. Los modernos rascacielos del Sony Center reciben mis primeros pasos en la superficie. El Film Museum está en uno de ellos. Volveré.

A través de los cristales de la estación de metro veo la primera reliquia del muro.

Jóvenes disfrazados de soldados soviéticos expenden visados de pega con gestos marciales para regocijo de los turistas. Todos quieren una fotografía, todos quieren un visado. Sólo dos euros y te puedes llevar un trozo de muro.

Más allá de la pantomima, la ciudad se empeña en deshacerse de su pasado.

Vendedores sudamericanos ofrecen el atrezzo comunista que completa este burdo sainete.

Eberstrasse es una calle amplia y desgarbada. Con solares y grúas que me producen una ligera desolación. Se suceden los puestos de souvenirs.

Un hombre anuncio ofrece sus salchichas calentitas y olorosas. No sabe el peligro que corre entre las bandadas de irracionales visitantes que lo rodean.

Un antiguo Trabant está aparcado como reclamo de una tienda de camisetas.

La extremidades pilosas de los árboles de Tiergarten me alejan de allí. Un extraño mar de piedra se extiende ante esa vegetación invernal. Es el Monumento al Holocausto.

Me hundo en la dureza de su oleaje hasta perder la referencia con el mundo que me rodea. Los ruidos de la ciudad llegan opacos y lejanos.

Unos niños corretean y ríen jugando al escondite.

Sólo la certeza de que podré salir de allí me mantiene unos instantes más acercándome al infierno.

Un escalofrío me recorre de arriba abajo al enfilar la puerta de Brandemburgo. Puede ser la corriente fría de este marzo despiadado. Puede ser el imposible recuerdo de la historia.

Más jóvenes disfrazados. Más trofeos.

Unter den Linden tiene un nombre precioso. La avenida es un trozo de París, refinada y elegante. Promesas de lujo en el hotel Adler. El brillo de las exclusivas tiendas en el cruce con Friedrichstrasse. El tintineante y acogedor café Einstein. La Universidad Humboldt.

Varios puestos de libros viejos permanecen voluntariosos delante de la puerta de la universidad. Justo enfrente de la Bebelplatz. Justo enfrente donde grupos de fanáticos quemaron esos mismos libros en 1933.

Un extraño monumento subterráneo, con anaqueles vacíos, recuerda una vez más la ausencia de la razón que tan a menudo me asalta en esta ciudad.

Llego hasta el río y nuevas explanadas, más grúas, proyectos sin fin. La catedral parece un recorte. La Isla de los Museos, un conglomerado de templos griegos que decido dejar para otra ocasión en que me sienta menos vaga y menos brutal.

La onmipresente torre de Alexanderplatz asomando por todas partes.

Un mercadillo. Un puesto con nombre divertido. Es Laura. De Medina del Campo a Berlín. Está contenta porque le va bien. Prometo hablar de ella. Un saludo Laurita. Aquí se pueden comprar sus originales bolsos: Clic

CONTINUARÁ...

6 comentarios:

David dijo...

Jo! Estupendas fotos.. Me ha gustado mucho el post. Fíjate que no es una ciudad de las que entra en mi lista de preferencias para visitar y me has hecho cambiar de idea.
Un saludo.

David dijo...

Es que no había visto la pista de Eva. No puedo leer los post y todos los comentarios, Lula.
2º Vanessa Redgrave. ¿Y qué hacía por Berlín?

Y tercera. Esto ya es totalmente a ciegas porque no la he visto...pero ¿puede ser Alicia en las ciudades?

Caruano dijo...

Me impresionaron las puertas de entrada a Babilonia en el Pergamon Museum y el altar de Pérgamo (después estuve en Turquía y aluciné con Pérgamo, y con Turquía. Llegué maravillado).
Cuando fui a Berlín, encontré una ciudad distinta de la que mis lecturas me habían hecho imaginar, interesante pero fría y destartalada (estuve en el siglo pasado).
Me ha gustado mucho tu reportaje.
Besico.

P.S. ¿la peli que falta descubrir del post anterior es de Wenders? Me imagino que es mucho preguntar.

Lula Fortune dijo...

DAVID: Pues hay que leerlo todo, hasta los papeles que vuelan por la calle, como decía Cervantes jajajaja.
Muy bien, no hay como motivar al personal: ¡dos aciertos para el caballero! Te queda el último. Venga qu el imán es tuyo. Un beso.

CARUANO: gracias por tu visita y tus palabras. Sí, yo también aluciné cuando entré en el Pegamon. No sólo las puertas de Babilonia, el propio altar de Pergamo, las puertas del mercado de Mileto...una pasada.
Berlín sigue siendo destartalada y fría, pero dudo que haya en estos momentos una ciudad más intersante para visitar.
Y sí, la peli es de Wenders jajajaja.
Un beso.

El futuro bloguero dijo...

Berlin es aún una de mis asignaturas y viajes pendientes, junto a Amsterdamm

Gracias por el paseo...

¿Compraste especias o imanes?

COMOPIKA dijo...

Lula, genial el paseo que has dado por el centro de Berlín, muy bonitas las imágenes y los comentarios.
Pero sobre todo muchísimas gracias por la foto y la publicidad :)
Espero que lo hayas pasado bien y que si decides perderte otra vez por esta ciudad, nos volvamos a encontrar.
Un abrazo.

Laura.