miércoles, 26 de mayo de 2010

MONÓLOGO


El fragmento que sigue es el extracto de una carta de Lucas Tanner, un viejo profesor con el que mantengo correspondencia desde los años del instituto. Cuando la realidad se abalanza sobre las personas de una forma tan contundente, queda poco espacio para la pedagogía:

Marta es una alumna de tercer curso, lleva las cejas finas finas como hilos y apenas puede mantenerlas en su pulcritud porque es muy morena y los pelillos se le rebelan constantemente. Tiene una gran sonrisa y unos ojos negros muy grandes. Se distingue de sus compañeros porque siempre lleva bolso y tacones, como si estuviese en un centro comercial en lugar de en un instituto, siempre dispuesta a salir pitando. Jamás le vi un libro en la mano o una carpeta. En clase hay un armario que no se cierra nunca, allí se amontonan en caos perfecto, libros, apuntes, carpetas, fotocopias y demás enseres que nunca hacen el viaje a casa. Ese es el reino de Marta, por el que transita fingiendo que busca lo que nunca encuentra.
Siempre faltó mucho a clase. Al principio aducía visitas al médico e incluso hospitalizaciones pero jamás vi un justificante o un certificado médico. Cuando pasó el tiempo dejó de fingir enfermedades para agachar la cabeza y sonreír con tristeza. Pasa muchas horas en el lavabo fumando o en un banco que hay enfrente del instituto, comiendo pipas.
El otro día, me acerqué a ella para preguntarle qué pensaba hacer el curso próximo:
-Estética, señor Tanner. Mi madre era peluquera y a mí me gusta mucho. Ya estuve trabajando en verano. Estaba ocho horas en una peluquería y me daban 20 euros al mes. Por eso quiero estudiar, para tener el título y cobrar más. Son dos años, podré hacerlo en otro instituto que está al lado de donde vivo. Así estaré más tiempo en casa. Tengo un hermano mayor, pero no vive con nosotros, el que vive con nosotros es su hijo. ¡Es más rico! Tiene parálisis cerebral, pero cuando yo le hablo, me sonríe. El otro día le compré una pelota en un chino, porque mi madre no le compra juguetes, pero yo creo que sí se entera. Iba más contento el chaval...
Mi hermano ahora vive con otra novia y su primera novia, la madre de mi sobrino, trabaja mucho y no puede atenderlo. Nosotros lo llevamos a un Centro de Día, los otros abuelos lo van a buscar por la tarde y nos lo traen por la noche para cenar, bañarlo y acostarlo. Nos turnamos así.
Por eso no salgo de noche, sólo por la tarde, por la noche mi madre no me deja. Vivimos al lado de la vía del tren y allí van muchos yonkis. El otro día que llegaba un poco tarde me di un susto de muerte, vi aparecer a uno con un chaleco reflectante, se los ponen para que los vea el tren porque van allí a picarse. Por eso mi madre quiere que venga pronto...

Marta siguió hablando y hablando, pero yo hacía mucho rato que estaba completa, desoladamente perdido.
Un abrazo, Lula
Lucas Tanner

5 comentarios:

Il Cavaliere dijo...

Que bonito monólogo

Espero que sirva para subir el ánimo


Un besito

El futuro bloguero dijo...

Yo nunca he podido con esas cejitas depiladas... me dan mucha grima... Con lo bonitas que son unas cejas potentes, tipo brooke shields en una chica...

mis largos pies dijo...

Es precioso.
Perdido está el que no escucha, el profesor Tanner estaba encontrado, aunque él diga lo contrario.
YA te lo habñia dicho, pero me repityo, me gusta tu blog. Me parece muy original. Por aquí sigo.

mis largos pies dijo...

uff, perdona el follón de letras!

Fernando dijo...

Muchos estamos perdidos.
Pero no fingimos que nos buscamos, buscamos de verdad.