martes, 4 de septiembre de 2007

CRÓNICAS DEL AISLAMIENTO: Si me dan a elegir...


para Atikus
16 de agosto

Enfrente del archipiélago della Maddalena, como dos hermanos gemelos de recia estirpe, están Porto C. y Porto R. . Dos lugares para comprobar que el lujo existe, en el caso de que lo hubiéramos olvidado. Debo decir, que ambos vástagos de la riqueza están hechos con mimo: las casas, los jardines, los muelles recoletos...no hay nada que desentone, todo está limpio y es de un gusto primoroso. Puedes pasear por las galerias porticadas y comprarte un abrigo de Prada para el invierno milanés o tomarte un aperitivo en la piazzeta, que es donde se corta el bacalao del país y no en la lonja. Hay hombres viejos y canosos, con pantalones color mostaza y cinturón marinero. Hay mujeres viejas y siliconadas, con caftanes vaporosos o blusas de leopardo . Hay cachorros arrogantes con look casual y chanclas de Armani. Pero, pesar de todo (o quizás por eso) la sensación es de espectáculo falso, como si hubieras entrado en un parque temático del Mediterráneo o en uno de esos complejos de las Vegas. El lujo es tan desbordante que parece obsceno y vomitivo. En ningún momento sientes envidia de esos yates supersónicos y lo que realmente me alegra, es que mi concepto de riqueza esté a cien mil años luz de esos cretinos.




Cuando llegamos a Porto R., bajamos hasta el puerto y en una taquilla nos cobraron un euro por aparcar (la entrada al zoo) y allí, en una fila interminable, con la popa hacia el paseo, se ordenaban los fabulosos yates con sus inquilinos desayunando. Podías ver a cada animalito en su jaula e incluso hacerte fotos con los ejemplares más raros, pero de ninguna manera podías echarles comida (la mayoría está a dieta). Para concluír la visita, en una carpa del puerto había un gimnasio-fitness-salón de belleza ¡al aire libre! y allí estaban los ejemplares más exquisitos con sus gafas de sol y sus chándales (qué palabra tan vulgar para describir su indumentaria, pero no se me ocurre otra) pedaleando esforzados. También podías hacerte fotos, pero sin flash.

Así que, reconfortada con un panino en la carretera que se alejaba de aquel circo, fue una liberación purificadora lanzarse al mar en la amplia y venteada playa de Posada. Atrás quedaron las espectáculares embarcaciones de brillante proa, la silueta escarpada de Córcega y Berlusconi encendiendo su volcán.


Huimos hasta Capo Caccia, en ese afán nuestro por pisar todos los " finisterrae" y embarcarnos hacia Le Grotte di Nettuno. Bordeamos paredes de roca blanca que se perdían hacia el cielo y avistamos la escalera vertiginosa, escavada en la piedra, que llevaba miles de hormiguitas hacia las grutas.


De allí, a la animada Alghero, de dulce nombre y sonido familiar, para avituallarnos de corales, como buenos fenicios.... y sentirme, por fin, inmensamente rica.

5 comentarios:

atikus dijo...

No me importaría hacer el Fenicio por allí!

Anónimo dijo...

fotos de Alghero,por favor

occam dijo...

eu tamén estiven en Porto (provincia de Zamora) xusto ó pé de Pena Trevinca. Pero creo que non tiña o mesmo glamour

Diarios de Rayuela dijo...

Ese glamour de parque temático de Tío Gilito, esa sensación de puesta en escena del papel couché, la experimenté también hace años en Capri. Cuando vas con lo puesto, como era el caso, nadas -por el azurro- entre la indignación y boquiabiertismo.
Al margen de esto, le apetece a uno darse un garbeo por tan hermosos lugares.
Un abrazo (Ah, y ya hasta extrañé que no estuviera en gallego la crónica.)

Lula Fortune dijo...

Atikus: cuando usted quiera.

Anónimo:non sei se poderei
satisfacelo, porque teño poucas fotos e case todas da noite algheresa, de escaso interés paisaxístico.

Occam: se estaba vostede por alá, o glamour estaba asegurado.

DR: yo también estuve en Capri hace tiempo y no guardo un recuerdo tan "plasticoso" como el de estos sitios. Lo bueno es que miras hacia otro lado y se convierte todo en un espejismo.
O próximo será en galego, que teño que atender a todos os meus lectores ;).Un bico glamouroso.