lunes, 14 de junio de 2010

NADA ES PARA SIEMPRE


Hay películas que te dejan clavada al asiento, incapaz de asimilar que, de pronto, te encuentras ante una obra maestra. Con La cinta blanca de Haeneke me pasó algo parecido. Es más, toda la sala se quedó mirando a la pantalla vacía sin saber qué hacer. Incluso estallaron conversaciones espontáneas entre los que estábamos allí. Sólo nos faltó irnos tomar unas cañas para seguir hablando de lo que habíamos visto.

El río de la vida (1992) no es una película de esas, no. Seguramente no estará entre las cien películas imprescindibles que uno debería ver antes de morir. Algunas veces, quizás esperamos que nos pasen grandes cosas en la vida, mientras caminamos entre pequeñeces, acertando y equivocándonos a partes iguales. No seremos héroes, nuestro nombre no pasará a la Historia y sin embargo, estaremos. Estaremos en ese río como una gota imperceptible. ¿Puede haber mayor grandeza en un cineasta que mostrarnos esa "imperceptibilidad" de la vida?

La pelicula está basada en la novela A river runs through it de Norman Mclean, una autobiografía que no he leído, pero cuyo arranque me parece genial:Lista numerada

En nuestra familia, no había mucha diferencia entre la religión y la pesca con mosca.

Los hermanos Mclean crecieron en las montañas de Montana, modelados por la curiosa educación de su padre, un pastor protestante. La mañanas estaban íntegramente dedicadas a la formación intelectual, moral y espiritual de los niños, siempre dentro de la más estricta observancia religiosa. Las tardes, en cambio, constituían el necesario reducto de anarquía , de experiencia personal, que el propio reverendo consideraba imprescindible para la vida de sus hijos. Los muchachos podían vagabundear por el río, enzarzarse en peleas callejeras e incluso espiar con curiosidad inocente los burdeles del pueblo, nadie les pedía cuentas de sus hallazgos.

Pero además de esto, en la historia existe una gran metáfora: la pesca, el río, como síntesis de todo lo que podemos esperar, entender o retener de la vida...o sea, nada. Nada es para siempre y los momentos irrepetibles permanecen en nuestra memoria precisamente por eso, porque no se repetirán nunca.

Robert Redford es capaz de tejer con la sutileza de un artesano puntilloso, una historia sensible -que no sensiblera- elegante, pausada, sin estridencias. Con unas imágenes exquistas que le valieron el Oscar la mejor fotografía.
Una pequeña gran historia que fluye ante nosotros como las impredecibles aguas del río Blackfood.

4 comentarios:

Luis dijo...

Habrá que volverla a ver.
Un saludo.

PD: ¿ A qué dirección se envían los breves?

Lula Fortune dijo...

En el perfil tienes un correo de contacto.
Sí, ésta es una peli que se puede ver y disfrutar siempre. Un saludo.

MK dijo...

Una película que conocí gracias a tí .
Un regalo sorpresa hermoso que hiciste llegar a mis manos hace...??.
Creo que voy a volver a verla este fin de semana.
...pero que conste que el corte de pelo de Brad en esa peli es el peor que le he visto nunca. :-))

...claro que ..como si importara el corte de pelo...

Lula Fortune dijo...

Es una peli tan buena que ni me ha hecho falta recurrir a Brad Pitt, incluso sin él seguiría siendo buena. Y sí, totalmente de acuerdo en lo del flequillo. Es un recurso muy usado por los peluqueros de jolibú: creen que con poner flequillo a los actores los trasladan a la adolescencia ipso facto.
Besitos cómplices y abrazo estrujador.