miércoles, 1 de septiembre de 2010

VEINTE CENTÍMETROS

Dicen las supersticiones sienesas que cuando coinciden cuatro contrade con el color verde en sus banderas, sucede siempre una desgracia. Los que creen que nuestras vidas están escritas en algún libro polvoriento, asentirán con gesto solemne y taciturno. No creo que Alain Emphoux creyese eso. Conocía a la perfección todas las tradiciones y la historia del Palio, porque de haberlo creído, seguramente se hubiese quedado en Avignon, que era desde donde, año tras año, partía rumbo a Siena, la ciudad que más adoraba del planeta.




Los barrios se engalanaban. Banderas y farolas marcaban con orgullo los territorios rivales, que no enemigos: la Selva, il Montone, la Onda... se amasaba la pasta que llenaría los platos, se aireaban las polainas en espera de ser lucidas por jóvenes orgullosos en el espectacular Corteo, se hacían cábalas sobre el ganador después de la provaccia, se preparaban las mesas donde esa noche se celebraría el triunfo o se mascaría la derrota...


Pero antes, un acto de confraternización -todo Siena es una fiesta en los días que rodean al Palio- una cena en la piazza Tolomei donde Alain estaba invitado por la nobile contrada de la Civetta. Pasta, vino tinto y alegre conversación pasaban por su vida como pequeñas e insignificantes cosas. Il capitano se levanta, hace un discurso. Aplausos. Se levanta il fantino (jinete), va a hablar. Alain Emphoux no ve bien y se echa veinte centímetros hacia atrás.
Veinte centímetros. Una cornisa se desprende y le secciona la yugular, muere en el acto. A veinte centímetros de su esposa, a veinte centímetros de la ciudad que amaba, a veinte centímetros de la vida.





Y la ciudad sigue su fiesta. Se custodia el Palio, se exhiben los caballos, se desfila con gesto solemne entre terciopelos y brocados renacentistas. Se ondean las banderas frente al Comune, más alto, más lejos...





Se asiste con espectación a los tres minutos que dura la carrera y que nos separan del éxtasis.
Ha ganado la Tartuca. Gritos y carreras hacia el Duomo, lágrimas, abrazos. Un delirio de mármol blanco y negro se eleva hacia el cielo de la cúpula, tambores profanando la soledad y el silencio del templo. Pero hoy, éste es el efímero triunfo de los hombres sobre la muerte.

Siena seguirá adelante. Tal vez, mirando de reojo, aunque sólo sea por una décima de segundo, la débil cornisa que nos separa del triunfo completo.

6 comentarios:

El futuro bloguero dijo...

En cuanto pueda releeré con detenimiento para comentar agusto esta serie, agua, aire y los 20 cm de cornisa...

Pero voy fatal de tiempo entre el concurso y atender el blog que tengo desbordado...

Entre tanto quería decirte que estoy degustando cada una de tus fotos, y cada una de tus palabras Lula. Un gusto vivir Italia a través de tus crónicas.

Y pendiente de tu entrada gastronómica para cuando tengas tiempo tú.

Besos grandes.

Anónimo dijo...

exhiben

MK dijo...

Primero me ha atrapado el título , despues las fotos , luego he sido incapaz de leer entre líneas a pesar de la mañana frenética de inicio de temporada , y he seguido atentamente el texto mientras me pasaban las imàgenes por la retina. Ahora estoy con una especie de sensación de "dejà vú" que no acabo de comprender porqué yo no he estado nunca en Siena.Es una crónica? es un relato , una novela quizàs ,es tuyo?
Niña..sigo leyendo..¡

NoSurrender dijo...

A veces, incluso, pueden sobrar dicecinueve centímetros para separar la tragedia. Somos muy frágiles, y a veces se nos olvida.

Perem dijo...

Mira, he visto en el blog de un compañero la foto que ilustra tu entrada y, evidentemente no he podido hacer otra cosa que ver esta entrada.

He estado estos días por la zona. En principio, el principal reclamo era Florencia y Pisa. Una vez instalados en la primera de ellas, ha habido tiempo para visitar la zona, y si bien me habían hablado muy bien de Lucca y de Siena, he de confesarte que tras dejarme perder por las calles de Siena, a un día escaso del Palio, lo que he descubierto ahí es, sin dudad, una de las mejores ciudades que he visto, y mira que he visto unas cuantas. No hay palabras para explicar lo que transmite Siena, hay que vivirlo, hay que dejarse ir por esas calles.... sencillamente brutal, y ahora leyendo y viendo las fotos que acompañan tu texto, aunque solo sea por unos instantes he vuelto a recordar lo vivido este verano.

Aprovecho para saludarte.

Lula Fortune dijo...

FB: sí ya te veo muy ocupado últimamente. Pues nada, te dedicaré un post gastronómino italiano, está al caer. Besitos.

ANÓNIMO: oído, cocina.

MK: pues no, no es una novela, sucedió de verdad y no sabía de qué manera contar cómo convivieron ese día, la euforia de la vida y la fragilidad de la misma. La última foto, la del chico que gira la cabeza, es real. Es decir, estaba mirando la cornisa maldita en plaza Tolomei.
Y el "dejà vú" será porque me encanta esta fiesta y ya he hablado más veces de ella en el blog. Si es que soy de pesadita...
Besazos.

LAGARTO: jodidamente frágiles...un beso.

PEREM: entonces estuvimos en la misma plaza el mismo día, yo también fui el día antes, me encanta el ambiente pre-Palio, tal vez hasta nos cruzamos...
Sí, Siena tiene una atracción extraña, es imposible que te marches de la plaza, sólo quieres estar allí.
Es curioso, pero en Italia hay un montón de ciudades medias, tipo Siena, Ferrara o Parma que son una delicia y sin demasiados agobios turísticos.
En fin, gracias por comentar y encantada de compartir pasiones. Un beso.