miércoles, 15 de julio de 2009

TOSCANA IN CUORE


A veces regresa
en la serena quietud del día, el recuerdo
de aquel vivir absorto, en la luz asombrada.
Cesare Pavese


Es posible que tras este título muchos evoquen más que un libro una infame, pastelosa, tópica, surrealista e infumable película. Pero puedo asegurar y aseguro que ésa es la ÚNICA semejanza.
Bajo el sol de Toscana es un libro extraño e inclasificable que te cautiva desde las primeras líneas:
Estoy a punto de comprar una casa en un país extranjero. Una casa con el bonito nombre de Bramasole. Es alta, de planta cuadrangular y color albaricoque con postigos de un verde pálido, un antiguo tejado de tejas y un balcón en la primera planta (...) El balcón da al sudeste, a un profundo valle y, más allá, están los Apeninos toscanos. Cuando llueve o cambia la luz. la fachada de la casa se vuelve dorada, siena, ocre (...) Bramasole: bramare, "ansiar" y sole "sol": algo que ansía el sol y yo lo ansío.


Frances Mayes, americana, profesora universitaria y poeta, nos deleita con una mezcla de diario personal, sensuales descripciones del paisaje, referencias culturales y artísticas, recetas de cocina y un fino sentido de humor.
Comienza con el vértigo que sintió, junto con su marido el también poeta Edward Kleinschsmidt, al firmar lo que se perfilaba a todas luces como una auténtica locura: la compra de una casa ruinosa a miles de kilómetros de su lugar de trabajo.
El relato de los trabajos de restauración se mezclan, a partir de este punto, con las recetas de salsa porcini, el pollo al limón con albahaca o el pesto de salvia, para pasar sin reparos a la descripción de unas ruinas etruscas, o del paisanaje local, la rememoración de unos versos de Pavese o la recomendación de pequeñas trattorie en Cortona o Arezzo.


Nos seduce con un optimismo combativo, reivindicando los placeres sencillos de la vida, redescubriendo una naturaleza propicia y fértil a través de las suaves colinas toscanas: mesas largas bajo los árboles, pommodorini con aceite de oliva, voces amigas y un prosecco freddo, pueden convertirse, a través de  sus palabras, en la quintaesencia de la felicidad.
Frances Mayes derrama con generosidad el aceite del hedonismo sobre el pan tierno de nuestra avidez.
Bien pensado, es tan jodidamente ideal que puede convertirse en una auténtica putada.

6 comentarios:

Perfecto Conde dijo...

Todos os que coñecemos a Toscana sabemos que é unha maravillosísima putada que nunca poderemos realizar de todo.

arume dos piñeiros dijo...

Luliña, deixamos este ceo gris, hoxe marengo (que, por certo, é un precioso lugar das morrene mantovane), e nos vamos para alá a enchoupar o pan sen sal en olio e basilico cos pommodorini di Dante?

arume dos piñeiros dijo...

O Sailor, se quere, pode vir, claro está.

eva al desnudo dijo...

Por aquí tenemos el pà amb tomaquet también...
Envidia es lo que tengo, porque no reconocerlo. Ya se que suena cursi pero me cambiaba por Diane Lane un par de semanas, o tres.

Petons

antonio dijo...

Te leo
que lo sepas...........

lula Fortune dijo...

Farei o que se poda, señor CONDE. Un pracer telo por aquí. Bicos.

Imos aló, ARUMES, que este outono xa me cheira.

EVA: pues no ha parado de llover desde que te has ido ¿por qué será? Quiero una dosis de Italia en venaaaaa, yaaaaaaaaa. Baci tanti.

ANTONIO: muchas gracias, te devolveré la visita. Un beso.