viernes, 13 de abril de 2012

GAMLA STAN


Hace mucho frío. Un aire demoledor se apodera del cuerpo y paraliza los músculos. No sé por qué me gusta tanto esta ciudad complicada y gris.
Gamla Stan, el barrio antiguo, silencioso y fascinante, está situado en una de las decenas de islas sobre las que se asienta Estocolmo. Por todas partes aparecen plazuelas encantadoras, callecitas estrechas y empinadas, fachadas coloreadas y árboles pelados que se alzan hasta cielo






Anochece, pero Gamla Stan se resiste a desparecer bajo las sombras. La luz es plana, gris, sin apenas una leve graduación que te permita adivinar en qué momento del día te encuentras. No acaba de hacerse de noche. Mucho después de ponerse el sol, el cielo aparece azul y resplandeciente. Sigo vagabundeando, soñando quizás con la calidez que se adivina detrás de algunos escaparates, detrás de algunas ventanas que muestran sin reparo la intimidad de sus moradores.









Esta noche mis pasos terminan en el Glydene Freden, un pequeño restaurante de leyenda. Me reconforta el calor que se siente nada más entrar y con el que llevo soñando toda la tarde de vagabundeo gélido. Apenas un susurro llega de las mesas ocupadas en el primer salón. Penumbra, velas y un barman italiano -Paolo- sirve una cerveza mientras preparan mi mesa. Dicen que en este local, los miembros de la Academia sueca suelen reunirse para cenar y que entre plato y plato, copa y copa, van saliendo los nombres de los afortunados merecedores del Nobel.





Paso mis ojos por estas paredes mudas, intentando descubrir algún signo, algún misterio, alguna huella, alguna olvidada conspiración, algún mensaje escondido bajo el impenetrable silencio de la noche.
Ha oscurecido por fin cuando salgo a la calle. Nieva con una delicadeza de cuento y sonrío.

domingo, 8 de abril de 2012

PRIMERAS IMPRESIONES


Nieva. Copos diminutos me reciben en el aeropuerto de Arlanda. Es de noche. Todo está oscuro y el taxi se desliza silencioso por autopistas silenciosas. La casa tiene un aire sobrio y confortable. Huele a lavandería, a cereales, a algo indescifrable que me habla de otro país: hace calor, el suelo es de madera, las paredes son blancas, no hay cortinas, los edredones son inmensos y la nevera está llena de salsas desconocidas.
Escucho a Billie Holiday mientras algunos copos se arremolinan en torno a la farola que ilumina la calle. Todavía se ve algún transeúnte en la oscuridad. Aquí dentro resulta difícil recordar el frío gélido que soplaba hacía unos instantes. Conecto internet y me entero de que es el aniversario de la muerte de Wilder. La voz de Billie sigue susurrando por dentro en la calidez de la noche. En todas las ventanas de los edificios colindantes brilla una tenue luz.

Podría estar aquí o en cualquier otro sitio. Estocolmo se convierte de pronto en una ciudad de cualquier parte. Una ciudad hermosa y hostil, difícil y práctica, silenciosa y alegre a la vez.
Un extraño lugar por descubrir.

jueves, 29 de marzo de 2012

NORTE

Regresar al lugar de dónde nunca fui.
Pasear por calles que nunca me llevaron a ningún sitio.
Reconocer, acaso, la calidez de lo inesperado.
No seáis demasiado buenos en mi ausencia.

lunes, 19 de marzo de 2012

KAREN


La baronesa, que pesa como una pluma y es tan frágil como un puñado de conchas, recibe a sus visitantes en un salón amplio y resplandeciente, salpicado de perros dormidos y calentado por una chimenea y una estufa de porcelana; en el salón, como creación imponente surgida de uno de sus propios cuentos góticos, está sentada ella, cubierta de peludas pieles de lobo y tweeds británicos, con botas de piel, medias de lana en sus piernas, delgadas como los muslos de un hortelano, y frágiles bufandas color lila rodeando su redondo cuello, que un anillo sería capaz de abarcar. El tiempo ha refinado a esta leyenda que ha vivido las aventuras de un hombre con nervios de acero: ha matado leones que embestían y búfalos enfurecidos, ha trabajado en una granja africana, ha sobrevolado el Kilimanjaro en los primeros aviones, ha curado a los masai. El tiempo la ha reducido a una esencia, igual que una uva se convierte en pasa o una rosa en perfume (...).


Su aceptación de la edad y sus consecuencias no es estoicamente definitiva. Se entrometen notas de sana esperanza: "Quiero terminar un libro, quiero ver la frutas del verano próximo, volver a Roma (...) "¿Por qué soy tan débil?" pregunta, tirando de sus bufandas lila con su mano morena y huesuda, y la pregunta, acompañada por las campanadas del reloj de la repisa de la chimenea, invita al huésped a que se retire para que la baronesa pueda dormitar en un diván junto al fuego.


Cuando el visitante se va, es posible que le den un ejemplar de su libro favorito, el hermoso Lejos de África. Un recuerdo que lleva la dedicatoria "Je repondrai, Karen Blixen".
- Je repondrai -explica, de pie en la puerta, mientras, como despedida, ofrece la mejilla para que se la besen-, yo responderé, un hermoso lema. Lo tomé prestado de la familia Finch-Hatton. Me gusta porque creo que todos tenemos una respuesta en nosotros.
Su respuesta ha sido sí a la vida, una afirmación de la que se hace eco su arte con un eco que despertará nuevos ecos.
Truman Capote

domingo, 18 de marzo de 2012

COMPOSTELA

En Compostela estamos
moitos xa para sempre derrotados.

Los domingos tienen algo de claudicación, de pastoso aburrimiento que se encharca en tardes infinitas y frías. De niña, las tardes del domingo sonaban a locutor de radio, olían a penumbra mortecina y estufa de butano. Años después, en aquella Compostela cutre de mis años de estudiante, la tardes dominicales se convertían en una espera sin rumbo, un vagabundeo inclemente por soportales y callejas mojadas.
Soltaban a los locos de Conxo, paseaban las parejas formales venidas de las aldeas, los soldados de permiso voceaban delante de los monumentos llenando el silencio con su acento del sur, extraño, lejano. Alguna mujer enlutada corría hacia el rosario de la tarde y el café Derby se llenaba de viejas pintadas como monas y dentadura postiza.

Recuerdo hoy aquellas estampas de provincia, dignas del mejor relato fantástico, mientras recorro nuevamente la rúa del Villar atiborrada de tiendas de souvenirs y orfebrería de diseño. Dejo atrás el Paraíso Perdido (¿alguien puede imaginar un nombre más literario para un bar?) y esquivo los goterones helados que se precipitan desde algún tejado ruinoso. Me sigue sorprendiendo, después de tanto tiempo, el sonido violento de las campanadas, la silueta impertérrita de la catedral flotando en un mar de piedra y ese tétrico abrazo de humedad que se apodera del cuerpo en cada esquina.
Compostela guardará siempre para mí el misterio y la belleza de la derrota.

viernes, 16 de marzo de 2012

AY, ASUNCIÓN

La Comandancia... auténtico sonido miñoto.
Talento, buen humor, luna menguante, nostalgia... y mi amigo JC.
BUEN FIN DE SEMANA

domingo, 4 de marzo de 2012

ARRABALES



La Banlieue de Paris (1954)
Fotografías de Robert Doisneau. Texto: Blaise Cendrars.










lunes, 27 de febrero de 2012

GRANDE

Creo que fue Dickens el que dijo que la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.

viernes, 17 de febrero de 2012

LAS MUJERES QUE LEEN SON PELIGROSAS


Buscan la soledad y el recogimiento

Empiezan a pensar si la vida no serán también esos momentos insignificantes

Desatienden las tareas domésticas

Se anclan en el presente concentradas en sus propios descubrimientos

Disfrutan de una intimidad silenciosa y personal

Se abandonan a la lujuria de placeres desconocidos

Se dejan seducir sin disimulo por el poder de la palabra escrita

Llegan a comprender que hay otros mundos posibles dentro del mundo

Son capaces de mirar de frente a la vida, asaltadas de las mismas incertidumbres que los hombres.

Las mujeres que leen son peligrosas. Stefan Bollman

viernes, 3 de febrero de 2012

WILL

A. dice palabras como "piélago" "infortunio" "ultrajes" y no estoy muy seguro de que las comprenda, pero pone énfasis, gesticula, arruga su joven ceño, se muerde el labio, se mesa los cabellos y mide las pausas como ha visto hacer a los grandes actores de cine.
J. quiere ser Julieta. No encuentra un Romeo que dé la talla a su envergadura corpulenta, pero eso no parece detenerla. Ha convencido a su mejor amiga, le ha recogido el pelo y le ha pintado una barba. Poco importa la réplica: ella quiere ser Julieta.
B. lleva el pelo rapado por los lados y un pendiente. Llegó hace dos años de Suiza y se arma un lío tremendo con las palabras. Recita envarado, titubeando, pero subido a la tarima parece que todo se le perdonara.
R. dice 'Chespir' y los demás sonríen con la benevolencia de los iniciados. Es mexicano y de piel muy oscura. El verso en sus labios fluye suavecito y extraño, ligero, con una seriedad legendaria. Alguien habla de Otelo y todos lo señalan sin discusión.
Empezó como un juego y ahora me suplican que sigamos, con ese entusiasmo chispeante y efímero que los caracteriza. No tienen una dialéctica muy esmerada y tal vez no aciertan a encontrar el porqué de todo esto, pero lo cierto es que para ellos "Will es el puto amo" y el teatro "mola".

Suena el timbre del final de la clase y salen en tromba con sus mochilas, empujándose y pensando ya en el fin de semana. Lejos, muy lejos suenan tambores apocalípticos, reformas educativas que no cambiarán nada para ellos. Nuevas palabras maquillarán los viejos problemas, pero aquí en el aula, ahora, reina el silencio. Mejor aún, queda flotando el eco de sus voces adolescentes preguntándose por los eternos enigmas de la vida. Qué importa que no tengan muchas palabras para expresarlo, Will se las presta. Ojalá no lleguen nunca las reformas a mi pequeña aula.

Un abrazo, querida Lula, de tu viejo profesor
Lucas Tanner

domingo, 29 de enero de 2012

AHORA Y SIEMPRE

Pienso en ayer, cuando a las nueve de la noche caminaba descalza por Central Park contemplando luciérnagas, mientras Duke y Dexter se deslizaban por el tobogán de acero riendo. ¿Será el único año que Dexter se permita jugar como una chiquilla? Pienso en Duke vestido de punta en blanco, viendo desde un palco cómo Billy Elliot bailaba claqué en un escenario de Broadway. Me entran ganas de volver a vivir en Nueva York. Pienso en el día que hice cola con Dex en el Abercrombie de la Quinta Avenida, mientras ella soñaba con chicos, bronceados, amor y besos. Pienso en la mañana que cruzamos en bicicleta el puente de Brooklyn, uno de los mayores hitos de la ingeniería del país en la ciudad más grandiosa de todas. Pienso en el puente de la calle Cincuenta y nueve de Manhattan y en la manzana de edificios de piedra rojiza de las calles Setenta y tantos Este, ante las que pasábamos Woody y yo en Annie Hall. No quiero marcharme de esta ciudad. Quiero quedarme. Quiero retroceder a otro día, no muy diferente de hoy, en el que también me levanté a las tres y media de la madrugada, pero esta vez para esperar a que me llevaran a mi primer día de rodaje del proyecto sin título de Woddy Allen en la primavera de 1976.
Ahora y siempre. Diane Keaton

miércoles, 18 de enero de 2012

BLAISE


En 1913 el poeta Blaise Cendrars publica su Prosa del Transiberiano con ilustraciones de Sonia Delaunay. En su momento fue una publicación novedosa: rompía las fronteras entre la pintura y la escritura y su verticalidad -homenaje a la Torre Eiffel- intentaba provocar nuevas emociones artísticas en el espectador-lector. Era el fruto de una época en la que todo parecía poder romperse, en la que todo debía romperse para resurgir de nuevo. Una época en la que todavía quedaban emociones por estrenar.

Cendrars debía de ser un tipo curioso. Un especimen extinto de hombre lanzado a la vorágine de la vida. ¿Qué se podría contar de alguien que a los dieciséis años se fuga de casa con un traficante, llega a Rusia en plena revolución y se monta en el transiberiano para comerciar en Asia? Un hombre que se vio obligado a cambiar su vocación musical por la literaria cuando un obús le reventó el brazo derecho. La Gran Guerra la llamaron, tiernos ignorantes del futuro:

Mil millones de individuos me dedicaron toda su actividad de un día, su fuerza, su talento, su ciencia, su inteligencia, sus costumbres, sus sentimientos, su corazón. Y he aquí que hoy, tengo el cuchillo en la mano. Palpo una fría verdad que se suma a una hoja cortante. Tengo razón. Mi joven pasado deportivo tiene que bastar. Aquí estoy con los nervios tensos, los músculos estirados, dispuesto a saltar en la realidad. He desafiado al torpedo, al cañón, a las minas, al fuego, al gas, a las ametralladores, a toda la maquinaria anónima, demoníaca, sistemática, ciega. Voy a desafiar al hombre, mi semejante. Un mono. Ojo por ojo, diente por diente. Ahora será entre nosotros dos. A puñetazos, a cuchilladas. Sin piedad, salto encima de mi antagonista. Le doy un golpe terrible. La cabeza está casi separada. He sido más listo y más rápido que él. Más directo. He dado primero. Tengo sentido de la realidad, yo, poeta. He actuado. He matado. Como el que desea vivir.


Hombre intelectualmente inquieto, escribió poesía, novelas, fue corresponsal de guerra, experimentó con collages, se interesó por el cine, colaboró con algunos directores, llegó él mismo a dirigir e incluso actuar de figurante. Se interesó por la literatura africana, viajó a Brasil, Estados Unidos... En 1949, después de casarse con Raymone, el amor de toda su vida, escribe:

Deseaba decir a los jóvenes de hoy que les engañan, que la vida no es un dilema y que entre las dos ideologías opuestas entre las que se les fuerza a optar, está la vida, la vida, con sus turbadoras y milagrosas contradicciones, la vida y sus ilimitadas posibilidades, sus absurdos mucho más capaces de alegrarnos que las idioteces y simplezas de la "política", y que por lo que tienen que optar es por la vida, a pesar de la atracción del suicidio, individual o colectivo, y de su fulminante lógica científica. No hay más posible elección. ¡ Vivir !

Miro su fotografía, su cara de rudo campesino, sus manos grandes, su mirada desafiante, la sencilla indumentaria del que nunca lleva demasiado equipaje y por un instante quiero creer sus palabras. Quiero creer que la vida no es un dilema sino algo sencillo, algo así como un viaje lleno de posibilidades. Quiero creer que Incluso a través de la solitaria estepa siberiana pueden aparecer amaneceres de insospechada y turbadora belleza.