martes, 4 de septiembre de 2012

ESTAMPAS GRIEGAS 3



DIMITRIS
Cuando llegué a la plaza Sintagma, mi vista se perdió entre los árboles buscando alguna huella de aquella trágica noticia de abril. Recordaba por los informativos cómo el árbol donde Dimitris se había quitado la vida, se llenaba cada día de mensajes y flores. Pero no encontré rastro alguno. Hasta la indignación y el recuerdo parecían haberse ido de vacaciones. Un poco más arriba, ante el edificio del parlamento, varios soldados Evzones evolucionaban en una ridícula pantomima ante una decena de turistas. La escalinata brillante del Grande Bretagne, uno de los hoteles más lujosos del mundo, ponía coto a la curiosidad de los no elegidos. Es muy posible que ni el eco del disparo llegase siquiera hasta el salón vienés.




Unos metros más allá, una multitud errática llenaba las pequeñas arterias peatonales donde se acumulan las tiendas de moda internacionales. Delante de las grandes cadenas de ropa fueron apareciendo los vendedores ambulantes: mazorcas de maíz, rosquilas, música... anochecía. También en el barrio de Psiri estaban echando el cierre a los negocios y aunque se agradece dejar atrás el chunda-chunda compulsivo y globalizado, tuve la sensación de retroceder en el tiempo de una forma inquietante.






La plaza de Monastiraki, como si fuera un gran desagüe, recogía la voluntad de los que prolongan, sin saber muy bien qué hacer, el inevitable momento de volver a casa: turistas indecisos, descuideros, parejas que se despiden con un recatado acaramelamiento, ancianos que buscan el fresco de la noche, inmigrantes vendiendo relojes falsos, jóvenes atenienses no muy diferentes a los de cualquier parte del mundo haciéndose las mismas preguntas que nos hacemos todos.




El ruido de la música hip-hop ahogaría hasta el sonido de un disparo.

 

sábado, 1 de septiembre de 2012

ESTAMPAS GRIEGAS 2



PLAKA
La noche de Atenas recibe siempre con un cálido abrazo. Bajando la colina de la Acrópolis se percibe una euforia invisible, contagiosa y alegre que se extiende por las abigarradas calles de Plaka. La brisa de oriente asoma la cabeza llena de flores por encima de las tapias de las casas. Hay tantas flores por todas partes: matorrales blancos o púrpuras estallan hasta en el callejón más triste. Olivos, acacias, jazmines... se convierten en los personajes mudos de un paisaje irrepetible. En cualquier esquina puede aparecer un rincón especial, un pequeño restaurante solitario alejado del fragor turístico. En cualquier dirección hacia la que dirijas tu vista aparecen infinitas huellas de un pasado remotísimo que es fácil reconocer.






Huele a souvlaki, a kebab, a leña quemada, aunque a veces, todo se lo lleva un tierno aroma de canela... La música sale del interior sofocante de las tabernas y se mezcla con mil algarabías humanas. Una música ratonera, de fiesta, que puede convertirse unos metros más adelante en el melancólico acento del bouzouki acompañando una voz desgarrada y triste. Tiendas de artesanía, de ropa, anticuarios llenos de reliquias falsas conviven con joyerías de lujo, peleterías de dudoso gusto y negocios inclasificables.







La calle Pandrossou es, efectivamente, fea y vulgar.  Está llena de mercachifles y huele a cuero de zapatos y a cocina, como dijo el poeta. Aunque también en ella es terriblemente fácil dejarse arrastrar y amar la vida.





Y después de una tarde sofocante, sentarse en la calle Adrianou a la sombra de un árbol, tomar una cerveza griega con aceitunas negras, elevar la vista hacia la Acrópolis y sentir, por un instante, que de todos los lugares donde el mundo se muestra hermoso e insólito, tú estás en uno de ellos.


jueves, 30 de agosto de 2012

ESTAMPAS GRIEGAS 1






Llevadme ante el marmóreo farallón de Sunión,
donde nadie, salvo yo mismo y las olas,
pueda oír nuestros mutuos murmullos.
LB
 LORDOS VEERON
El atardecer se hizo esperar. Bajo el calor asfixiante y sin árboles en los que cobijarse, acercarse a las rocas del acantilado era la única posibilidad de recibir algo de brisa. El mármol blanco del templo de Poseidón se alza en un montículo que recibe, con el privilegio propio de las divinidades, hasta el último rayo de sol. A la derecha, una pequeña bahía llena de veleros fondeados, una playa ordenada y discreta. Más allá, el perfil borroso de algunas islas y el horizonte limpio que rompe la ilusion de continuidad: azul inmenso el cielo, azul infinito el mar.


En una de las columnas de este templo, Lord Byron escribió su nombre, impresionado por la inaprensible belleza del lugar. Es imposible acceder al interior y aunque desde lejos pueden leerse los nombres de otros viajeros que, como él, quisieron tocar la inmortalidad, fechas y nombres se confunden bajo la erosión del aire enloquecido de los siglos. Tuve que volver una segunda vez para descubrir tan pequeño e ilustre graffiti.




Pienso en Byron arrastrando su pierna tullida hasta la escarpada cima de cabo Sunión, imagino el alivio de la brisa en su frente sudorosa, veo lo mismo que él vio, tal vez poco antes de contraer las fiebres que acabaron con su vida. ¿Recordaría este lugar en su lecho de muerte? ¿Aliviaría en algo su dolor la evocación de esta luz, de este mar? El láudano y las medicinas deformaron tanto su cuerpo que cuando el féretro llegó a Inglaterra, sólo al desenvolver su pie deforme, pudieron reconocerlo. Muchos griegos llevan hoy el nombre del poeta y su corazón permanece enterrado en Messolongi.






El silencio reverberante del mar, el canto enloquecido de los grillos, el picoteo desordenado de varias perdices que paseaban entre las piedras, la luz amarilla del sol deslizándose hacia la noche, la luna diminuta en el cielo deshabitado... 


... todo esa tarde formaba parte de algún tipo de estado imperecedero, algún tipo de extraña eternidad que posiblemente jamás comprenderé.


domingo, 22 de julio de 2012

PARTIR



Bebiendo sol corintio,
leyendo los mármoles,
saltando mares de viñas,
señalando con el tridente,
encontré las hojas que el salmo del sol recita,
el firme vivo que el anhelo celebra.
Bebo agua, corto un fruto,
hundo mi mano en los follajes del viento,
los limoneros irrigan el polen de la bonanza,
los pájaros verdes rasgan mis sueños.
Parto con una mirada,
mirada amplia en donde el mundo vuelve a ser
bello desde el principio en la talla del corazón.

Brilla dentro de mí aquello que ignoro. Sin embargo brilla.
Odysseas Elytis

viernes, 20 de julio de 2012

SOMBRAS, NIEBLA


-¿Qué tal está?
- Bueno, me busca la policía, me persigue un asesino maníaco, me han despedido del trabajo y mi prometida ha roto el compromiso... a parte de eso, bastante bien.
Sombras en la niebla. Woody Allen

jueves, 12 de julio de 2012

HUIR

Bienamadas imágenes de Atenas.
En el barrio de Plaka,
junto a Monastiraki,
una calle vulgar con muchas tiendas.

Si alguno que me quiere
alguna vez va a Grecia
y pasa por allí, sobre todo en verano,
que me encomiende a ella.

Era un lunes de agosto
después de un año atroz, recién llegado.
Me acuerdo que de pronto amé la vida,
porque la calle olía
a cocina y a cuero de zapatos.
La calle Pandrossou. Jaime Gil de Biedma.

sábado, 7 de julio de 2012

VERAINVIERNO


Es una palabra nueva, norteña, difícil de entender más abajo de Ponferrada. Cuando yo -pequeña bárbara de más al norte- estudiaba en Compostela, recuerdo la llegada de los trenes cargados de californianos de Citroën sur Mer. Mientras nosotros empezábamos a adquirir el tono verdoso del flexo y del moho santiagués, ellos lucían una envidiable piel tostada, llevaban crestas punkies, camisas floreadas y zapatos de plancha. Estábamos, todo habrá que decirlo, en los felices ochenta. De ellos aprendí el desprecio por la piedra eclesiástica, el orgullo de ciudad portuaria y que en el maldito Santiago sólo había dos estaciones: la del tren y el invierno. Como tantos jóvenes de mi generación, empecé a soñar con California.
Ahora en Citroën sur Mer avanza julio y sigue lloviendo. Me pregunto dónde radica y para quién, el encanto de los veranos del norte. Tal vez  este empecinamiento térmico se deba al calentamiento global o a la globalización, o a la crisis...sí, eso es, la culpa de que siga lloviendo es de la crisis. Ahora que han encontrado el Códice Calixtino robado de la catedral y que la selección española es campeona de Europa, sería estupendo que, los que no comulgamos ni con hostias consagradas ni con balones de cuero, pudiésemos, de una puta vez, mirar al cielo tendidos en la arena de las Cíes... y seguir soñando.


jueves, 5 de julio de 2012

BILLY


Sólo llevo tres horas siendo capitalista y ya le debo diez mil dólares.
Un, dos Tres. Billy Wilder

miércoles, 4 de julio de 2012

VIDA



Fue César Vallejo el que predijo su muerte: en París, con aguacero, "tal vez un jueves, como es hoy, de otoño"... Hace dieciséis años, era jueves también, llovía también, y el verano de entonces, como el de ahora, se parecía más a un otoño suave que a una estación florida y exultante.
Ella recordó estos versos camino del hospital. Estaba tranquila, convencida de que todo iba a salir bien, como así fue. Todo sucedió de forma tan rápida, tan dulce, que apenas le dio tiempo a recomponer su cabeza. De pronto estaba allí, mirándola: redondita y sonrosada, tranquila, dormilona, innegociablemente hambrienta.
Cuando piensa en ella, no puede apartar de su cabeza las imágenes del pasado, detenidas para siempre en veranos cálidos. Cuando la imagina, la ve siempre detrás de sus mejillas saludables, de sus bucles dorados, de su tierno abrazo diminuto. Siempre quiso ser mayor, más alta, más delgada, más guapa, ponerse tacones, vestidos de fiesta, bailar hasta el amanecer...
Ahora le encanta Woody Allen, adora a Amy Winehouse, a Billie Holiday, a Beyoncé. Se sabe de memoria los diálogos de Grease, los pasos de baile de Cantando bajo la lluvia, su película preferida es el Gran Lebowsky y algunas noches deja su ventana abierta soñando con algún superhéroe que venga a rescatarla...
Ahora que es más alta, más guapa, más delgada, lleva tacones, vestidos de fiesta y baila hasta el amanecer... ella piensa que ya no puede hacer más que ver como se aleja con ímpetu hacia nuevos y desconocidos deseos.