miércoles, 1 de mayo de 2013

domingo, 28 de abril de 2013

REQUIEM POR UN SUEÑO


Suena el teléfono en un sórdido apartamento de Brighton Beach, Brooklyn. Al otro lado del hilo, una voz apagada consume la llamada a la que tienen derecho los detenidos. 
Le pregunta cómo está, le dice que la quiere:
-¿Vas a volver?
- Sí... claro que volveré...
-¿Vas... a volver... hoy?
El silencio viaja a miles de kilómetros, a la velocidad de la luz, a la velocidad de la sangre, a la velocidad del ácido que corroe el cerebro.
Ella le responde con una lágrima que se diluye en su mejilla demacrada.
Fundido en negro.

Hay algo peor que la muerte. Hubert Selby Jr, lo relata en una novela y Darren Aronosfky filma una sinfonía trepidante y angustiosa. 
De la primavera de los sueños al  mutilado invierno de la realidad.

miércoles, 3 de abril de 2013

MIQUIÑO MÍO


Es posible que abril deje de ser el mes más cruel por un tiempo. Llega con más lluvias y un frío en el que cuesta imaginar la primavera, pero también llega un sueño que huele a papel recién estrenado. El sueño tiene un nombre: Miquiño mío. Cartas a Galdós y lo firma Emilia Pardo Bazán. La editorial Turner le ha dado cuerpo con mimo y entusiasmo haciéndolo realidad.
A lo largo de más de tres décadas, doña Emilia y Galdós intercambiaron una abundante correspondencia, llena de admiración y respeto en sus inicios, de intensa pasión amorosa durante unos años y de incondicional amistad hasta el final de sus días. Juan Manuel Hernández y yo hemos reunido y ordenado 93 cartas que dan testimonio de la personalidad y el genio de una de las escritoras más prolíficas y brillantes de nuestra literatura. Testimonio del transcurso inevitable de la existencia, "tembloroso recuerdo de un tiempo que se fue"... 
El resto es literatura.

lunes, 1 de abril de 2013

viernes, 22 de marzo de 2013

COMO SI NADA FUESE VERDAD




Recuerdo
también, en una hermosa tarde
que regresaba a casa… Una mujer
se desplomó a mi lado replegándose
sobre sí misma, silenciosamente
y con una increíble lentitud –la tuve
por las axilas, un momento el rostro,
viejo, casi pegado al mío.
Luego, sin comprender aún,
incorporó unos ojos donde nada
se leía, sino la pura privación
que me daba las gracias.
Me volví
penosamente a verla calle abajo.
No sé cómo explicarlo, es
lo mismo que si todo,
lo mismo que si el mundo alrededor
estuviese parado
pero continuase en movimiento
cínicamente, como
si nada, como si nada fuese verdad.
Cada aparición
que pasa, cada cuerpo en pena
no anuncia muerte, dice que la muerte estaba
ya entre nosotros sin saberlo.
Vienen
de allá, del otro lado del fondo sulfuroso,
de las sordas
minas del hambre y de la multitud.

(Fragmento de Los Aparecidos. Gil de Biedma)

martes, 12 de marzo de 2013

INVIERNO


Todos los días conduzco a través de un indescriptible paisaje industrial. Siempre me acompaña un tren que se aleja silencioso, envuelto en nostalgia de viaje. Siempre el mismo hombre de las muletas, de la pierna amputada, del chándal barato que fuma en la puerta de un mísero bar. Compruebo que siguen las dos ecuatorianas en la parada del autobús, que llevan sus bolsas de plástico en las que guardan la bata y las zapatillas con las que trabajan en las casas de los ricos, más allá, mucho más allá de las grúas y las casas baratas. Atravieso barrios humildes de ventanas pequeñas y ropa tendida ¿por qué los ricos no tienden la ropa?. 
Llego a mi trabajo, en un edificio público y despintado que se erige como un barco varado en la cima de una montaña. Un barco expuesto a la ventisca y el aguacero que nunca va a ningún sitio. Levanto la persiana y compruebo el estado de las islas como si leyera en un parte médico o en los posos del café o en una carta antigua y desvaída. Algunas veces las islas se recortan sobre el horizonte recibiendo misteriosos rayos de sol o se evaporan entre la niebla como si no hubiesen existido nunca. Me pego al cristal hasta distinguir al menos la parpadeante luz del faro e imagino un día lejano, perfumado, día de  arena y sol. Y me lanzo al trabajo como a un pozo sin fondo, sin pensar y sin sentir, cuando se piensa y se siente a cada instante. 
Una vez más observo el espectáculo de la vida. Porque tal vez sea esto, un sucederse de las estaciones y el único secreto posible es que detrás del silencio y la lluvia habitan hermosos, cálidos, emocionantes, sorprendentes e inesperados paisajes. 

domingo, 3 de marzo de 2013

ESE TOQUE


Todavía recuerdo el día del funeral de Lubitsch. Willian Wyler y yo llevamos el féretro y, cuando nos alejábamos, dije: "Nos hemos quedado sin Lubitsch". Y él replicó: "Peor aún, nos hemos quedado sin las películas de Lubitsch". Cuánta razón teníamos. Desde entonces, todos hemos tratado de encontrar el secreto.
Billy Wilder

lunes, 4 de febrero de 2013

JAVIER


Javier es muy pequeño, demasiado pequeño para su edad. Aunque acaba de cumplir los quince, su tamaño no supera al de un niño de nueve o diez años. Toda su ropa, en cambio, es enorme y desproporcionada: los pantalones que arrastra a duras penas por los pasillos, las sudaderas que se le descuelgan de los hombros y le tapan las rodillas... parece que todo él estuviese menguando en lugar de crecer.
Su mesa es la más desordenada de la clase. Libretas, libros y hojas sueltas mantienen un difícil equilibrio en el pupitre hasta que inevitablemente se precipitan hacia el suelo una y otra vez. Entonces Javier pide perdón, te mira con sus ojos pequeños y negros -siempre muy abiertos- y recoge con torpeza todas sus cosas... una y otra vez.
Nunca sé bien dónde está, aunque su cuerpecillo diminuto ocupe una silla con la misma forma de sentarse, en el borde, de cualquier manera, con la precariedad de quien está de prestado en todas partes y no es capaz de tomar posesión ni del aire que respira. No consigue mantener la atención más de un minuto seguido y cuando se lo haces notar, regresa de no sé qué mundos invisibles musitando un "perdón profe" compungido. Un minuto de pequeña y mísera realidad flota en el aire hasta que Javier, una y otra vez, regresa a algún refugio donde nadie puede alcanzarlo.
Pasa las tardes en la calle, con su skate, rodeado de chicos mayores que han abandonado sus estudios y sobreviven ocupando el barrio, hablando de la última pirueta de un héroe desconocido, sentados en los bancos del parque sobre montañas de tedio y pipas.
Los padres de Javier iban a separarse poco después de que él naciese.  Una tarde en la que, como de costumbre, el rencor y el desprecio iban llenando los rincones de la casa, su padre sufrió un desmayo del que no parecía recuperarse. Un derrame cerebral lo mantiene en estado coma desde entonces. La madre trabaja como limpiadora en un almacén de plásticos y se ocupa del padre de Javier. Un cuerpo inerte por el que imagino no puede albergar ya ningún sentimiento posible. 
Algunos compañeros me dicen que tengo demasiada paciencia con Javier, que es insoportable su actitud ausente, su desorden, que necesita un severo castigo. No sé por qué yo lo imagino siempre  caminando hacia casa al anochecer, naufragando en su ropa, con el skate bajo el brazo, perdiéndose en los callejones del barrio, perdiéndose en esos otros mundos recónditos que le aplazan el momento de entrar en la sordidez de la vida. Incluso pienso si no habrá algo de pequeña rebeldía en el hecho de no crecer, si no será todo parte de un plan premeditado en el que se hará cada vez más y más pequeño hasta desaparecer.
Así que supongo que no importa demasiado si lo dejo vagar un poco por ese mundo paralelo donde estoy convencido de que es un muchacho alto y fuerte, su madre tiene el corazón intacto y su padre lo espera respirando, acodado en la ventana.
Gracias por escuchar una vez más, querida Lula, a tu viejo y cansado profesor.
Lucas Tanner

viernes, 1 de febrero de 2013

SENCILLAMENTE CAE


Lluvia regen pioggia pluie
crea cúpulas vértigos confianzas
sencillamente cae sobre tus hombros
golpea en el paraguas que no puede
sentir que llueve en cuatro en ocho idiomas
se derrama quién sabe en qué mapa de sueños
con bombardeos llantos y sirenas
con recuerdos que empiezan a chorrear
con árboles que piden y no esconden
la mano o rama o pájaro o deseo
con el débil relámpago de nadie
con el trueno que se metió en su nido
llueve con voluntad igualadora
sencillamente cae sobre tus hombros
aquí y en otras tardes otras noches
con estos goterones o con otros
en inviernos en selvas en esquinas
en umbrales en huellas en abrazos
mojando estas caricias o esas muertes
sin escándalo llueve en las palabras
y hasta en el corazón llueve sin ruido
como plomo como alas como labios
llueve besando llueve como grito
en cuatro en seis en ocho en diez idiomas
en veinte o treinta desesperaciones
como cortina llueve o como cielo
sencillamente cae sobre tus hombros.
Mario Benedetti