lunes, 16 de enero de 2012

MUJERES

...Es preciso además considerar serenamente la cuestión de la maternidad. La maternidad es cuestión temporal: no puede someterse a ella entera la vida. La protección a que tiene derecho el niño no ha de prolongarse más allá de la niñez. Además de temporal, la función es adventicia: todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos. El ser humano no es un árbol frutal que sólo se cultive por la cosecha.
Emilia Pardo Bazán

lunes, 9 de enero de 2012

YA ESTÁ AQUÍ

El número 3 de la Caja de Pandora

domingo, 8 de enero de 2012

MURLO

Non esiste posto più bello nel mio cuore...

viernes, 6 de enero de 2012

LO INCONTROLABLE

La vida no se puede controlar, no se puede forzar para que tenga un desenlace

feliz. Sólo se puede controlar el arte. El arte y la masturbación, dos campos en los

cuales soy un autentico experto.

Sandy (Woody Allen)

Stardust Memories, 1980


BUEN FIN DE SEMANA

jueves, 29 de diciembre de 2011

2012

Según Proust, "los paraísos mejores son los paraísos perdidos". Es una frase justamente famosa. Yo me permito añadir que tal vez existen paraísos todavía más atrayentes que los paraísos perdidos: los que nunca hemos vivido, los lugares y las aventuras que intuimos allá lejos - no a nuestras espaldas, como los paraísos perdidos que nos llenan de nostalgia, sino delante de nosotros, en un futuro que quizás un día, como sueños que se cumplen, conseguiremos alcanzar, tocar.
Quién sabe, tal vez la fascinación de viajar se encuentra en este encanto, en esta paradójica nostalgia del futuro. Es la fuerza que nos hace imaginar -o nos ilusiona- con hacer un viaje y encontrar, en una estación desconocida, algo que podría cambiar nuestra vida.
Tal vez uno deja verdaderamente de ser joven cuando sólo consigue echar de menos y amar nada más que los paraísos perdidos.
Mi ricordo, sì, io mi ricordo. Marcello Mastroiani
(Traducción: Lula Fortune)

FELIZ 2012 A TODOS

domingo, 11 de diciembre de 2011

BUSCANDO A CHENCHO DESESPERADAMENTE


No me gusta la Navidad. No soy religiosa, ni le tengo excesivo apego a las tradiciones. Nunca me ha tocado el gordo, ni me pirro por los dulces y digamos que soy más bien espartana en mis apetencias gastronómicas. Las explosiones multitudinarias de obligada alegría me retraen más que me contagian y confieso que le tengo alergia a los centros comerciales y a los villancicos.
No negaré en todo esto mi pequeña dosis de rebeldía personal y puede que hasta de soberbia.
Pero ni siquiera si retrocedo hasta la más diminuta infancia, hasta las fotos más desvaídas de mi recuerdo, puedo encontrar algún momento verdaderamente dichoso. Recuerdo las cartas minuciosas que escribía a los Reyes Magos: la cuidada caligrafía, el angustioso balance de mi comportamiento, la mesura en las peticiones. Recuerdo el terror que debía vencer para dejar mi carta en manos de aquel ser enorme, con joyas de hojalata y barba de algodón. Recuerdo que siempre pensaba para qué demonios tenía que escribir una carta si nunca me traían lo que pedía. Y recuerdo cómo año tras año, dejaba atrás las pequeñas desilusiones para internarme, voluntariosa, en la euforia colectiva.
Recuerdo el comedor familiar, silencioso, vacío. Recuerdo el eco bullicioso de primos, abuelos, cuñados, sobrinos, nietos, que me llegaba desde los anuncios de turrón el Almendro. Gente elegante y sonriente que volvía siempre a casa por Navidad. Recuerdo los espumillones escuálidos, enroscados como serpientes tristes en algunos muebles...
Sé que había también algunas cosas chuscas y hasta entrañables. El cartero venía siempre con postales piadosas llenas de purpurina, donde algún lejano pariente escribía las dos líneas de navideño rigor. El portero te felicitaba las fiestas con una poesía escrita en una tarjeta y recuerdo la isleta donde se colocaba el guardia urbano, llena de botellas, turrones y paquetes que los automovilistas agradecidos le dejaban al pasar.
También recuerdo la mano de mi padre que me apretaba firme en medio de la muchedumbre de la plaza de la catedral. Allí, en los puestos de belenes, buscábamos figuritas de pastores, el castillo de Herodes, algo de musgo y tal vez mi sonrisa al comprar un caganet.
Y las luces, claro. Las luces que ocultaban con su brillo de cuento toda la mugre y la miseria de la ciudad.

Salgo a la calle y me paro debajo de una enorme tela de araña de bombillas blancas. Algunas luces suben y bajan simulando gotas de lluvia, tal vez lágrimas, y recuerdo ahora otras ciudades capaces de iluminar nuestros sueños navideños por un instante. Aquella Lisboa lejana, cargada de planetas y meteoros en la subida al Chiado, no muy lejos del café donde se sentaba Pessoa o la Plaza Mayor de Madrid, cubierta de ojos multicolores donde seguiremos buscando a Chencho un año más.

Tuve que matar muchas cosas a lo largo de mi vida para sobrevivir, la Navidad ha sido la más insignificante después de todo.

martes, 6 de diciembre de 2011

WYOMING

- No me gusta cuando el cielo se pone oscuro tan temprano.
- Es lo que pasa en invierno, Roy. Los días son mucho más cortos y fríos porque la zona del planeta donde estamos queda más lejos del sol.
- Los árboles son bonitos sin hojas, ¿verdad, mamá?
- Me gusta cuando hace sol y frío. Mi piel lo agradece. Pararemos pronto. Estoy cansada.
- Yo creo que sueño mejor en invierno.
- Será porque duermes más.
- Mamá ¿tú qué piensas de los sueños? ¿son algo real?
- Claro que sí. A veces, cosas que no puedes descubrir de otro modo las descubres en los sueños.
- ¿Cómo qué?
- Hay quien opina que los sueños son deseos. Uno sueña lo que realmente desea que ocurra.

- ¿Hay algún lugar que sea perfecto, un lugar adonde irías si tuvieras que pasar allí el resto de tu vida?
- ¿Qué te parece Wyoming?
- ¿Wyoming? ¿Algún día podremos ir?
- Claro, Roy, iremos.
- Y no se lo diremos a nadie, ¿eh, mamá?
- De acuerdo, hijo, nadie sabré dónde estamos.
- Y tendremos un perro.
- Claro, por qué no.
- A partir de ahora, cuando pase algo malo, pensaré que estoy en Wyoming y que salgo a correr con mi perro.
- Me parece bien, hijo. Todo el mundo debería tener un Wyoming.Añadir imagen
BARRY GIFFORD

miércoles, 30 de noviembre de 2011

LEV NIKOLÁYEVICH

Y es que no he visto en Rusia nada tan grandioso y conmovedor como la tumba de Tolstói. Se halla este lugar de peregrinaje en un paraje apartado y solitario incrustado en el bosque. Un sendero estrecho conduce hasta el túmulo, que no es más que un cuadrado de tierra amontonada que nadie cuida ni vigila, excepto la sombra que sobre él proyectan unos cuantos árboles altísimos. Según me contó su nieta ante la tumba, los había plantado el propio Tolstói. Su hermano Nikolái y él de pequeños habían oído decir a una mujer de pueblo que el trozo de tierra donde se plantan árboles se convierte en un lugar de felicidad. Y así, medio jugando, plantaron cuatro brotes. Sólo mucho más tarde, ya anciano, se acordó de aquella promesa maravillosa y acto seguido manifestó su deseo deser enterrado bajo aquellos árboles que él mismo había plantado (...).
Ninguna cruz, ninguna lápida, ningún epitafio. El gran hombre que, como ningún otro, había sufrido por su nombre y por su fama, fue enterrado anónimamente, igual que un vagabundo encontrado por casualidad o un soldado desconocido. Nadie se ve privado de acercarse a su tumba; la pequeña valla de madera no está cerrada. Nada guarda la quietud de aquel hombre inquieto, salvo el respeto de los hombres. (...) esta tumba conmovedora en su anonimato, magnífica en su silencio, perdida en medio del bosque y rodeada sólo del susurro del viento; sin mensaje, sin palabras.
El mundo de ayer. Stefan Zweig

lunes, 28 de noviembre de 2011

CARNAGE

¿Qué ocurre cuando alguien nos arranca la máscara de civilización de un zarpazo? Pues ocurre que el mundo se convierte en un ring enloquecido donde todos luchan contra todos, donde cualquier esfuerzo por reconducir la moral, la verdad, la honradez e incluso el compromiso personal, acaba convertido en un acto patético, hilarante, absurdo y hasta angustioso.
Genial el guión de Yasmina Reza, genial la vitalidad de Polanski, genial el pulso firme con el que los actores nos despeñan hacia nuestra propia terrible realidad: "Nacemos solos y morimos solos. ¿Alguien quiere un whisky?"

lunes, 21 de noviembre de 2011

viernes, 18 de noviembre de 2011

SIGH NO MORE

Querido William, querido Kenneth...
BUEN FIN DE SEMANA

lunes, 14 de noviembre de 2011

EL HOMBRE IMPACIENTE


Gracias, Ana Bande

Soy una recién llegada a Stefan Zweig. Curioseo en el vestíbulo de su obra con la emoción de saberme en un lugar prolífico, prometedor. Me reconforta comprobar que la casa es grande, diáfana, llena de habitaciones que todavía puedo descubrir. No hay demasiados lujos ni ostentaciones superfluas, en el aire flota un encantador aroma de cocina burguesa donde se amasa el pan con manos pulcras. Suena una suite de Bach que se queda prendida en viejas fotografías de fin de siglo: París, Viena, Berlín. Fotografías de trenes y viajeros que sonríen a la cámara con entusiamo juvenil.

Asomo mi curiosidad al silencio de su biblioteca donde tantos nombres desconocidos para mí intentan explicar, una y otra vez, el misterio absurdo de la existencia.
Él está allí al fondo, en el jardín, ensimismado en los arces otoñales y no me atrevo a molestarlo. Voy acumulando preguntas sin respuesta y desaprendiendo lo poco que creía saber sobre el ser humano. Observo atentamente su mirada inquieta y salvajemente viva, su tierna sonrisa de hombre bueno, por si alguna vez, dentro de mucho tiempo, acaso pueda convencerme de que no hay nada que entender.
Observo los pequeños detalles de la vida, que al final, son lo único que nos pertenece: una modesta mesilla, un vaso de agua, una pañuelo arrugado, una caja de fósforos, unas monedas, unas serenas palabras de adiós...


Antes de dejar la vida por propia voluntad, con la mente lúcida, me impongo la última obligación: dar un cariñoso agradecimiento a este maravilloso país, Brasil, que propició, para mí y para mi obra, tan gentil y hospitalaria guarida. Cada día aprendí a amar este país, más y más. En ningún lugar podría reconstuir mi vida ahora que el mundo de mi lengua está perdido y mi hogar espiritual, Europa, autodestruído. Después de 60 años se necesitan fuerzas descomunales para empezar todo de nuevo. Las que poseía fueron extirpadas en estos largos años de desamparadas peregrinaciones. Así, en el momento adecuado y obrando con rectitud, encontré mejor concluir mi vida, en la cual, la labor intelectual fue la más pura alegría y la libertad personal el más preciado don sobre la tierra.
Saludo a todos mis amigos. Ojalá les sea dado ver la aurora de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy antes. Stefen Zweig.

viernes, 11 de noviembre de 2011

domingo, 6 de noviembre de 2011

NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

GIL DE BIEDMA

miércoles, 2 de noviembre de 2011

RILKE

Era pequeño, no muy agraciado, la cara abotargada, ancha la nariz, como de boxeador, labios llenos, oscuros, y un bigote casi como de pega, de carnaval o broma (...).
Tenía una caligrafía clara y limpia, casi sin correcciones, y un cuaderno que llevaba en el bolsillo de su chaleco de satén negro, siempre abotonado hasta arriba como un banquero. Eso y una tendencia a hacer planes que nunca llevaba a cabo: dedicarse a la egiptología, aprender a montar a caballo, estudiar medicina... Así anduvo de aquí para allá: Alemania, Francia, Rusia, España, viajero empedernido. Después vino la guerra, y lo hicieron soldado, de refilón. En París, entraron en su casa, y subastaron sus bienes, por pertenecer a un súbdito enemigo, pequeñas mezquindades de la historia: cuadros, cartas, muebles (...).
Y cuenta la leyenda que un día, en el jardín, preparando un ramo para una amiga, se pinchó en un dedo con una espina. Y que la infección agravó la leucemia que sufría, y que de eso murió: de una espina de rosa. No se sabe si es cierto. No creo que le importara. En su epitafio dice:" Rosa, oh contradicción pura, placer, ser el sueño de nadie bajo tantos párpados"
Jesús Marchamalo