martes, 25 de marzo de 2014
martes, 4 de febrero de 2014
HARTURA
Condensación de agua:
Borraxeira, Borraxoia,
Brétema, Cegoña, Fuscallo, Néboa, Neboeiro, Nebra, Zarrazina…
Lluvia débil:
Babuña, Babuxa, Barbaña,
Barbuza, Barrallo, Barrufa, Barruñeira, Barruzo, Borralla, Breca, Chuvisca,
Chuviscada, Chuviñada, Froallo, Lapiñeira, Marmaña, Orballo, Parruma,
Parrumada, Patiñeira, Patumeira, Poalla, Poallada, Poalleira, Poallo, Zarzallo…
Lluvia fuerte:
Arroiada, Ballón, Basto,
Bátega, Bategada, Cebra, Cebrina, Chaparrada, Chuvascada, Chuvasco, Chuvieira,
Cifra, Ciobra, Dioivo, Treixada, Xistra, Zarracina…
Con rayos y truenos:
Treboada, Torboada,
Torbón, Trebón…
Con nieve y hielo:
Auganeve, Cebrina,
Cebrisca, Escarabana, Nevada, Nevarada, Nevareira, Nevarío, Nevisca, Nevarisca,
Pedrazo, Salabreada, Sarabiada, Torba…
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Eu
martes, 28 de enero de 2014
¿TE GUSTA CONDUCIR?
No puede hacer grandes viajes, no tiene airbag, ni GPS, ni ABS, ni nada que no suene a mecánica elemental. El suyo no es el mundo de las siglas sofisticadas sino el de las palancas, manivelas, enganches, pitorros... No podría aparecer jamás en una de esas sinuosas carreteras de montaña trepando con ligereza a la cumbre del más fuerte, ni levantando polvareda en el Cañón del Colorado, ni siquiera podría deslizarse en la asepsia de los decorados futuristas con el que nos agasaja la publicidad más tentadora.
Su territorio es más pequeño y humilde. Sale disparado en los semáforos y es capaz de acomodarse en el hueco de un contenedor o en el espacio muerto entre dos portales o en la esquina desaprovechada de una gran avenida. Le cuestan un poco las pendientes y llega siempre resoplando a la puerta de mi trabajo. Ha sobrevivido a varios temporales y a un muro de piedra que se derrumbó sobre él mientras dormía a la intemperie de un puerto de mar.
Es tan viejo que, como le pasa a los objetos de su edad, ha empezado a parecerse a un ser humano. Me mira todas las mañanas desde la oscuridad del fondo del garaje, aliviado de verme llegar con puntualidad. Tararea canciones de los ochenta en los semáforos y no puede evitar una sonrisa cuando le lleno el depósito. Sé que se entristece si me paro en el escaparate de algún concesionario, aunque nunca me dice nada. Espera en silencio, seguro de que llegaré y consume su tiempo añorando, como yo, traspasar el túnel del invierno para desentumecerse en playas prometedoras, al abrigo de las dunas.
Acaba de cumplir 27 años y ha pasado la ITV sin asomo de debilidad. Es un auténtico Seat Marbella GLX.
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Eu
domingo, 29 de diciembre de 2013
miércoles, 4 de diciembre de 2013
DYLAN
7 de abril, 1950
Caitlin. Escribir, así, sencillamente, tu nombre: Caitlin. No es necesario que diga Mi amor, Cariño, Corazón mío, a pesar de que no pare de decirte esas palabras en silencio dentro de mí, día y noche. Caitlin. Todas las palabras están contenidas en esa palabra, Caitlin, Caitlin, puedo ver tus ojos azules y tu pelo dorado y tu lenta sonrisa y tu voz en la distancia. Tu voz en la distancia está ahora susurrando en mi oído las palabras que escribiste en tu última carta. Gracias, amor mío, por el amor que decías que me enviabas. Te quiero. Nunca olvides eso, no olvides ni un instante a lo largo del lento y triste día de Laugharne, nunca lo olvides en tus trances laberínticos, en tu vientre, en tus huesos, en nuestra cama cuando te tumbes en ella por la noche. Te quiero. He llevado tu amor dentro de mí por todo este continente, ha viajado conmigo en el aire, en avión, ha estado en todas las habitaciones de hotel en las que he acabado abriendo mi maleta -medio llena, como siempre, de camisas sucias-, ha reposado en mi mente y no me ha dejado dormir hasta el amanecer porque podía escuchar el latido de tu corazón junto al mío, tu voz diciendo mi nombre resonaba por encima del sonido del tráfico, bajo las luces de neón, en el centro de mi soledad, mi amor.
(...)Te quiero. Trata de imaginarnos bajo el sol de San Francisco, cosa que ocurrirá pronto. Te quiero. Te deseo. Oh, cariño, ¿cómo es que no te lo gritaba constantemente cuando estabas a mi lado? Te quiero. Piensa en mí.
Tu Dylan
Adjunto cheque de quince libras.
Te escribiré desde Hollywood dentro de tres días.
Y te mandaré más dinero.
Te quiero
Cartas de amor. Dylan Thomas. Ed. Siberia
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Libros
sábado, 16 de noviembre de 2013
UNA MODESTA PROPOSICIÓN
En 1729 Jonathan Swift publicó un panfleto titulado Una Modesta Proposición. En el subtítulo resumía el objeto de su reflexión: Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público. Mordacidad, humor negro, brutal crítica a la sociedad de su tiempo y una de las visiones más amarga y desesperanzada de la condición humana.
Qué poco me parece que hayamos avanzado en algunas cosas. Cada vez veo con más claridad que atrincherarse en una sardónica sonrisa acabará siendo la única forma de rebeldía posible.
Es objeto de melancolía para aquellos, que caminan por esta gran ciudad, o viajan por el campo, cuando ven las calles, los caminos y los portales llenos de pordioseros del sexo femenino, seguidas por tres, cuatro o seis niños, todos ellos cubiertos de harapos y molestando a cada pasajero al pedirle una limosna. Esas madres, en vez de ser capaces de trabajar para ganarse la vida, se ven forzadas a emplear todo su tiempo en vagar, implorando el sustento de sus inermes infantes que al crecer se convierten, por falta de trabajo, en ladrones, o dejan su amado país natal para pelear a favor del Pretendiente en España, o se venden en servidumbre a las Islas Barbados.
Creo que todas las partes están de acuerdo en que este prodigioso número de niños en los brazos (...), es en el actual deplorable estado del reino una muy grave afrenta adicional; y por tanto quien pudiera encontrar un método justo, barato y sencillo para hacer de estos niños miembros respetables y útiles de la comunidad merecería tanto agradecimiento del público como para colocar su estatua como un salvador de la nación. Pero mi intención está lejos de encontrarse restringida a proveer sólo para los niños de los pordioseros; es de un alcance mucho más grande, y deberá incluír a todos los infantes de cierta edad, nacidos de padres que, a efectos prácticos, tienen tan poca capacidad de mantenerlos como quienes demandan nuestra caridad en las calles (...).
Pues no podemos emplearlos en la industria o la agricultura; no construyen casas (me refiero al campo) ni cultivan la tierra; es raro que puedan ganarse la vida robando antes de los seis años de edad; excepto cuando son de mente vivaz, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes (...). Me aseguran los mercaderes que un niño o niña de menos de doce años de edad no es vendible, y aún cuando tengan esa edad, no reportarán más de tres libras en el mejor de los casos; lo que no puede compensar ni a los padres ni al reino por los nutrientes y harapos que habrán importado al menos cuatro veces ese valor. Ahora, por tanto, propondré humildemente mis propios pensamientos, que espero no recibirán la menor objeción.
Me ha asegurado un sabio americano, que he conocido en Londres, que un niño saludable y bien alimentado es, al año de edad, un alimento de lo más delicioso y nutritivo, ya sea estofado, rostizado, horneado o hervido; y no tengo duda alguna de que servirá igualmente bien en un fricassè o un ragout (...).
Un niño rendirá para dos platillos en una reunión de amigos, y cuando la familia cene sola, la mitad anterior o posterior hará un palto razonable, y sazonada con un poco de pimienta o sal, estará muy bien hervida al cuarto día, sobre todo en invierno. He calculado, en promedio, que un niño recién nacido pesará cinco kilos y medio, si se amamanta de manera tolerable, aumentará hasta casi los 13 kilos. Acepto que esta comida será algo cara, y por tanto adecuada para terratenientes quienes, tras haber devorado en su mayor parte a los padres, parecen tener el mayor derecho a hacer lo propio con los niños (...). Ya he calculado que el costo de mantener al hijo de un pordiosero (en cuya categoría incluye a los campesinos, jornaleros y a cuatro quintos de los granjeros) es de unos dos chelines al año, harapos incluídos; y creo que ningún caballero dudaría en pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo (...). Quienes sean más ahorrativos (como, debo confesar, estos tiempos requieren) pueden desollar el cuerpo; la piel del cual, tratada artificialmente, hará unos guantes de dama admirables, y botas de verano para caballeros finos.
En cuanto a nuestra ciudad de Dublín, pueden designarse mataderos para este propósito, en las partes más convenientes de ella, y estamos seguros de que no faltarán carniceros; aunque yo recomendaría comprar niños vivos, y prepararlos recién sacrificados, tal y como hacemos al rostizar cerdos (...).
No puedo pensar en un sola objeción que pueda ser presentada contra esta proposición, a menos que sea que el número de personas se verá muy reducido en el reino. Esto lo acepto libremente, y fue de hecho una de las ideas principales al ofrecerla al mundo (...).
Profeso, en la sinceridad de mi corazón, que no tengo el más mínimo interés personal en promover este necesario trabajo, no teniendo otro motivo que el bien público de mi país, al promover nuestro comercio, dando sustento a los infantes, aliviando a los pobres y proporcionenedo placer a los ricos. No tengo niños por los que pudiera planear ganar un sólo centavo y mi esposa habiendo ya superado la edad de concebir.
Jonathan Swift
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Libros
domingo, 27 de octubre de 2013
LA LLAMADA DE LO SALVAJE
Todos los seres viven unos instantes de éxtasis, que señalan el momento culminante de su vida, el instante supremo de la existencia. Y ¡oh paradoja de la vida!, el éxtasis brota en la plenitud de la existencia, pero con el completo olvido de la existencia misma. El éxtasis, olvido del vivir, transporta al artista, trémulo de emoción, fuera de sí mismo, como envuelto en un sudario en llamas; el éxtasis se apodera del soldado ebrio de sangre cuando el calor de la batalla sin cuartel avanza impasible bajo la granizada de metralla; el éxtasis, en fin, hacía delirar a Buck cuando, al frente de la manada, lanzaba el ancestral aullido del lobo y se arrojaba tras la carne palpitante que corría sobre la tierra helada, bajo el tenue y pálido fulgor de la luna llena. Su aullido brotaba de las recónditas profundidades de su ser, más hondas que él mismo, como si surgiera desde el insondable abismo del tiempo. Le arrebataba el impulso de la vida triunfante, la creciente oleada del ser, el deleite de los músculos tensos, de las articulaciones, de los nervios, de la existencia y del movimiento, que le hacían saltar alborozado y delirante bajo la luz de las estrellas sobre la materia inerte e inmóvil que duerme el eterno sueño de la muerte.
La llamada de lo salvaje. Jack London
He leído por ahí que el lado salvaje de la vida tiene un caminante menos...
domingo, 20 de octubre de 2013
APUNTES SICILIANOS (Y 5)
No ha parado de llover en todo el día. Es una tarde de domingo de "esas" en que la vida parece suspendida de esta ventana gris. Da la impresión de que no ha existido nada antes, ni nada va a cambiar. Repaso las fotos de Palermo una y otra vez para ver si me llega algo de aquella luz, si todavía persiste la confusión de sus calles, el desafío de un mundo demasiado complicado para ser comprendido. Paso la mirada de nuevo por los mercados caóticos, por las fachadas abandonadas, por las trattorie que huelen a pan. Me detengo en una esquina donde un hombre vende vísceras a los transeúntes, donde unas mujeres se abanican, donde puedo leer en los tendales tantas historias minúsculas.
Ojalá sirviera de consuelo pensar que algo de todo aquello ha quedado apresado para siempre en estas imágenes. Aunque mirando este cielo gris de mi Citroën sur Mer tal vez el verdadero consuelo sea creer que el viaje continua y que el tiempo es lo único que nos da la verdadera dimensión de la vida.
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