Hay una lluvia hostil que avanza imperceptible a través del invierno. Es una lluvia cotidiana, que cae sin sorpresa ni sobresalto, sin violencia ni ruido. Va llenando los días de charcos oscuros, ocupa las horas, se adueña del cuerpo como una enfermedad terminal y nunca, nunca duerme. sábado, 29 de octubre de 2011
¿SE PUEDE AMAR A LA LLUVIA? (y 4)
Hay una lluvia hostil que avanza imperceptible a través del invierno. Es una lluvia cotidiana, que cae sin sorpresa ni sobresalto, sin violencia ni ruido. Va llenando los días de charcos oscuros, ocupa las horas, se adueña del cuerpo como una enfermedad terminal y nunca, nunca duerme. viernes, 28 de octubre de 2011
¿SE PUEDE AMAR A LA LLUVIA? (3)

Existe un agua diminuta que se hace cómplice de nuestros sueños. Se desliza con suavidad por un cristal empañado en medio de la tarde. Es una lluvia escudo que reverbera en cada gota conjurando los fantasmas del olvido, deteniendo el tiempo en la ventana.
jueves, 27 de octubre de 2011
¿SE PUEDE AMAR A LA LLUVIA? (2)
Hay aguaceros inesperados que te sorprenden en la inconsciencia de la primavera. Caen sobre ti en ciudades lejanas donde no tienes cobijo posible, ni casa, ni paraguas, ni siquiera zapatos. Te pescan con vestidos inapropiados, con la alegría provisoria del viajero que prende su mirada no en el cielo, sino en las esquinas de un mundo nuevo.miércoles, 26 de octubre de 2011
¿SE PUEDE AMAR A LA LLUVIA? (1)
Los temporales tienen algo de literario sturm und drang. La naturaleza se enfurece, enseña sus colmillos de fiera incontrolable. Los árboles convulsos golpean la ventana, el viento desgarra los paisajes otoñales, el mar abre sus fauces hambrientas, el cielo profetiza catástrofes entre destellos salvajes y el agua azota e inunda nuestras vidas. Sobrecogen, intimidan, asustan y ejercen a la vez una atracción hacia el abismo, hacia la destrucción. lunes, 24 de octubre de 2011
BENITO
Galdós andaba mal de dinero. No es que ganase poco; al contrario. Pudo enriquecerse con la pluma, caso no visto hasta entonces en ningún novelista español de su categoría. Quizá era algo manirroto. Tales apuros le obligaron a escribir continuamente, hasta su muerte (1920). Llegado al rango de "gloria nacional", no se le discutía. Sus últimas piezas, aunque aplaudidas en el estreno, se sontenían poco en el cartel. Viejo, casi ciego, Galdós salía a las tablas a recoger los aplausos. Incluso salía demasiado pronto, como si su presencia apuntalase el éxito. Alto, ligeramente encorvado, vestido con un largo gabán, liada al cuello una bufanda blanca, encajados bajo la frente unos lentes negros, don Benito avanzaba por la escena como a tientas, llevado por los actores.viernes, 21 de octubre de 2011
CAMPOS DE TRIGO
lunes, 17 de octubre de 2011
POR LO VISTO

lunes, 10 de octubre de 2011
AULAS
Blanca es ciega. Se sienta en la primera fila con un ordenador portátil que lleva a todas partes. En el silencio de la clase, se oye su tecleo frenético pendiente de una voz mecánica que sale de los auriculares. Antes llevaba gafas, ahora ya no. Sus globos oculares son una masa gris, redonda e inútil. Cuando escucha o pasa sus dedos por los enormes libros de hojas blancas y punteadas de braille, busca con la cara la tibieza del sol en la ventana. Tal vez imagina qué podría ser la luz.jueves, 6 de octubre de 2011
ALLEGRO

lunes, 3 de octubre de 2011
PALABRAS
Una vez leí en alguna parte una frase que decía algo así como que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio. Siempre he sido una parlanchina incurable, aún a riesgo de decir inconveniencias o ser considerada una bocazas. Como diría mi tía Carmen: "Esta niña no calla ni debajo del agua". lunes, 19 de septiembre de 2011
viernes, 16 de septiembre de 2011
FELICIDADES

“Si este fuese sitio para dar consejos, yo no
me cansaría nunca de repetir a la mujer
que en ella misma residen la virtud y
fuerza redentora.”
Emilia Pardo Bazán
Doña Emilia cumple hoy 160 años y por lo que veo a mi alrededor, por lo que leo o escucho, me atrevo a afirmar que goza de una estupenda salud, intelectual y literaria.
Me viene ahora a la memoria un lejano 1889, en el que la Academia española rechazó la solicitud de ingreso de la escritora con estas escuetas palabras:
La Academia siente mucho no poder resolver en
armonía con sus deseos la cuestión de la Sra. Condesa de Pardo
Bazán, por no consentirlo sus Estatutos, y el respeto que le merecen
tradicionales acuerdos de la Academia que forman, por decirlo así,
parte de su interna constitución.
No es que desestimasen sus sobrados méritos, no, se trataba simple y llanamente de una cuestión de tradición, de principios. El insigne D. Juan Valera (no os imagináis con qué recochineo le pongo el título) llegó a comentar tan descabellada pretensión de Doña Emilia como una cuestión, no sólo irrisoria, sino antinatural y pecaminosa:
En la mujer quiso Dios
dar al hombre una ayuda semejante a él (...) es en la mujer
pecaminosa rebeldía contra los decretos de la Providencia
el afán de tornarse sobrado independiente del hombre y de
campar por sus respetos.
Cuentan que en una recepción a escritores e intelectuales en la Academia, viendo que muchas damas estaban de pie, por no haber sitio, D. Juan Valera les ofreció los sillones de algunos académicos que no habían ido ese día. La respuesta de Emilia fue contundente y lacónica:
Gracias, don Juan. Ya nos sentaremos en ellos algún día las
mujeres por derecho propio.
El pasado día 14, Mª Xosé Queizán, en una carta - de la que traduzco algunos fragmentos- rechazaba la posibilidad de entrar en la Real Academia Galega, a la vez que agradecía emocionada a todos los que la habían propuesto:
Lo único que creo se debe en justicia a la mujer, es la desaparición
de la incapacidad congénita, con que la sociedad la hiere. Iguálense
las condiciones, y la libre evolución hará lo demás.
jueves, 15 de septiembre de 2011
miércoles, 14 de septiembre de 2011
SEPTIEMBRE
Aquella noche, Isadora Duncan escogió un pañuelo al azar, se lo echó al cuello e hizo su último gesto artístico. Grace Kelly cerró la portezuela del coche y desapareció en el esplendor monegasco. También un 14 de septiembre, Sir John Gogarty, James Joyce y un maldito inglés llamado Haines, tuvieron una noche de farra memorable que echaría a andar las primeras páginas del Ulises.lunes, 12 de septiembre de 2011
ITALIA (FIN)

































